Buscando la palabra “amonestar” según el diccionario significa “hacer presente algo para que se considere, procure o evite” y “advertir, prevenir, reprender”.

Considerando estos significados, podemos reconocer no es muy grato o no lo vemos bien cuando alguien se nos acerca en tono de preocupación de que algo hay que corregir o evitar, lo tomamos como una intromisión o pensamos que no tiene alguien el derecho de opinar. Esto es así cuando no lo tomamos de una actitud madura, sin embargo cuando lo filtramos a través de la Palabra podemos entender que puede llegar a ser bendición en lugar de una molestia.

¿Qué es lo que realmente causa molestia? Puede ser el resultado de una vida que no se está cultivando en el Evangelio, anteponiendo la voluntad o el carácter personal. En las escrituras encontramos el Salmo 119:169: “Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; Dame entendimiento conforme a tu palabra” El salmista pide entendimiento conforme a su palabra, resaltamos estas última frase para darnos cuenta que no es nuestra voluntad sino la voluntad de Dios en nuestras vidas, la actitud de los unos con los otros debe ser de humildad, al ser amonestados o dar amonestación inclusive.

Dice el pasaje de Romanos 15:14: “vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros” aquí claramente el apóstol Pablo hace referencia a los hermanos que deben estar llenos de bondad (amor) y de Conocimiento, conocimiento de la Palabra de Dios. El amonestarnos unos a otros requiere hacerlo de esa manera, abundar en esas características que nos distingan de los demás, esa es la forma en que podemos no solo amonestar sino mostrar el amor de Cristo entre nosotros, la bondad para no hacer daño al hermano y el conocimiento para saber en qué necesita ser corregido y ambas capacitan para la mutua amonestación.

En Filipenses 2:3-4 dice: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás” ¡Tenemos un reto muy grande!, considerar como superiores a los demás no es sencillo, necesitamos del Espíritu Santo para que guíe nuestras acciones o comportamiento, hacer esto ayuda a las buenas relaciones que tengamos dentro del Cuerpo de Cristo, tenemos que velar también por los intereses de los demás, no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

“Amonestarnos los unos a los otros” requiere de que nos veamos con amor y bondad, no es solo de ir a “regañar” sino el preocuparse de la vida de mi hermano en Cristo, así como Dios tiene cuidado de sus hijos. La vida en comunidad de nuestra Iglesia demanda no solo estar ahí cuando los demás sufren para consolarlos, sino que también acompañarnos unos a otros para ir creciendo a la estatura de Cristo y que Dios nos hable de las cosas que no están bien y corregirlas.

Vivamos en el conocimiento y la obediencia a la Palabra “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10

Imelda González