Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 1 Corintios 11.33 Primero mis dientes, y luego mis parientes… Primero yo, luego yo y al último yo… Estos dichos populares se refieren a la satisfacción propia sin pensar en las necesidades de los demás, aun si se trata de un familiar, un amigo o vecino o un hermano en Cristo, y sin importar qué tan urgente o necesaria es, primero soy yo…

Al parecer esto es lo mismo que sucedía en la iglesia de Corinto… Según el contexto del versículo de 1ª Cor. 11:33 el apóstol Pablo está hablando sobre los abusos de la iglesia de Corinto al tomar la cena del Señor y de tomarla indignamente… los hermanos de Corinto que se adelantaban a tomar su propia Cena y mientras uno tiene hambre, otro se embriagan… había un gran desorden.

Esto refleja el sentir individualista de los de Corinto, habla de una forma de pensar en la que no incluían a los demás miembros de la iglesia, de manera que cada quien actuaba pensando en lo suyo propio. Y por esta razón Pablo está buscando instruir a la Iglesia de Corinto que en Cristo no es así, que, al estar en el Señor, debe aflorar la unidad puesto que somos uno con él, somos uno con Cristo, por lo cual ya no es más un pensamiento individualista y egoísta, sino un pensamiento considerando “Unos con Otros, Unos por otros y Unos a Otros”


El actuar de Cristo, el sentir de Cristo y el pensar de Cristo siempre fue de unidad y no de división. Cuando la necesidad de Cristo era librarse de la Cruz, la necesidad del hombre era salvarse de la condenación del infierno, el Señor ponderó las necesidades y eligió la nuestra por encima de la suya. Pensó en los suyos y no en lo suyo.

Dentro de nuestra cultura y en los tiempos en los que vivimos, en la vorágine de correr porque ya se nos hizo tarde, del estrés del tráfico, de los compromisos escolares y laborales, familiares y de iglesia, ¿Cómo es nuestro pensar, nuestro vivir, nuestro sentir? ¿Actuamos como los dichos mencionados o consideramos también a los demás? ¿Nos consideramos unos a otros? ¿Nos esperamos unos a otros?

Hay un historia muy hermosa en Juan 6:1-14, de donde podemos tomar buen ejemplo respecto de esto, el relato habla del actuar de aquel jovencito que no pensó en sí mismo y compartió los cinco panes y dos pececillos con toda la multitud, él no pensó en que no le iba a alcanzar nada si lo compartía, no pensó en: “primero como yo y si me sobra les comparto”, solo pensó en compartir con los demás confiando en su Señor Jesucristo, confiando en su palabra, confiando en las palabras de aquel sermón que acababa de escuchar, confiando en su Dios.

Roberto Taméz.