Me encuentro escribiendo estas líneas en el mes de septiembre, un mes donde los mexicanos celebramos el inicio de la independencia y la libertad que nuestros “héroes” nos dieron. Esto indudablemente como cristianos nos hace recordar la verdadera libertad que Dios nos dio a través del sacrificio de su único hijo en la cruz del calvario.
En el libro de Gálatas, Pablo hace un recordatorio acerca de esta libertad en Cristo, una libertad que no se amolda a lo que humanamente se piensa, al contrario en Gálatas 5:13 Pablo hace un llamado a los cristianos libres a servirse unos a otros en AMOR “Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” ¿Cómo? ¿Si soy libre, soy siervo? ¡Qué locura! ¿verdad?.
Recordemos 1 Corintios 7:22b donde se menciona “el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo”. Pero ¿porqué voy a ser esclavo si soy libre? Pablo nos recuerda en Galatas 5:14 que el fin principal del servicio al cual fuimos llamados se cumple en esta sola palabra: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Para qué? Para que la voluntad de Dios sea hecha aquí en la tierra como en el cielo (Mt 6:10 b). Los devocionales que hemos venido estudiando hablan acerca de comunidad y fraternidad cristiana; sin embargo, Pablo en Gálatas 5:15 toca un tema que estaba sacudiendo a las primeras comunidades de cristianos, las rencillas internas, no por algo en el arte de la guerra está el conocido dicho: “divide y venceras”

Pero ¿cómo podemos cumplir con el mandamiento de Dios de amar a nuestro prójimo si estamos mordiéndonos y devorándonos unos a otros? ¿Cómo podemos hacer la voluntad de Dios en la tierra si estamos hablando mal o hiriendo a nuestro prójimo? Aún más hablamos a espaldas de nuestro hermano que veo cada domingo, o que critico o reprocho el comportamiento del hermano en cada reunión sólo porque no estoy de acuerdo con él.
Nos conducimos como jueces, como si nos correspondiera a nosotros crear una iglesia perfecta adaptada a la imagen que cada uno tiene, olvidando la imagen de Dios: “que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Efesios 4:13)
Debemos cada día persuadirnos de buscar nuestros propios deseos -los deseos de la carne- y buscar andar en el espíritu, tal como escribió el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer*: “Es precisamente en este aspecto donde la fraternidad cristiana se ve amenazada —casi siempre y ya desde sus comienzos— por el más grave de los peligros: la intoxicación interna provocada por la confusión entre fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa; por la mezcla de una nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana. […]”.
Rubicely González


Deja tu comentario