Nosotros como pueblo de Dios, desde que aceptamos a nuestro Señor Jesucristo en nuestro corazón, hemos pasado de ser criaturas, a ser seres transformados, quienes tratamos en todo momento de agradar al Señor (hemos dejado atrás todo acto de inmoralidad, injusticia, avaricia, etc. Estas cosas ya no rigen mas nuestras vidas.)

Ahora nuestra vida se ha convertido en un continuo proceso de imitar a Cristo, y ahora con la llenura que el Espíritu Santo nos da, para que se cumplan los propósitos por los cuales Él llegó a vivir con nosotros, siendo ahora controlados y dependemos totalmente de Él.

En lo personal creo que la manera más natural de adoración es a través de la alabanza, de una alabanza auténtica y aceptable que brota del corazón de los creyentes. ya que las alabanzas a Dios son el fruto

de una vida de diaria búsqueda de Dios, es una hermosa manera de poder dar ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante en el conocimiento a Cristo: Alabando al Dios y Padre que es fuente de toda bendición, en la Creación, por su providencia, elección y redención, por medio de quienes las cosas aún las que no nos agradan, vienen a ser nuestras.

Cantar salmos, himnos y cánticos espirituales de corazón agradando a Dios, es el resultado de esa llenura del Espíritu Santo y es exclusivo de una comunidad de creyentes cantando a Dios con los corazones desbordando gratitud en el nombre de Jesús.

“Para que la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortandoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” Colosenses 3:16.

Javier Lazcano