El texto de hoy, ha causado mucha controversia y malas interpretaciones. Por un lado, unos creen que este pasaje es la base y justificación para la práctica de confesar las faltas a un confesor para que él te dé una penitencia. Por otra parte, hay grupos evangélicos que enseñan el castigo de Dios por los pecados no confesados consiste en castigarte con enfermedades y hasta la muerte misma. Meditemos en tres pensamientos que nos aclararán la enseñanza de hoy.

Uno / Este texto es parte de lo que Santiago viene diciendo en su carta. Ha dedicado gran parte de este capítulo a resaltar a los hermanos agricultores que sus jefes o amos abusan de ellos. Se dan quejas entre ellos y un malestar que provocaba pecados de falta de paciencia y perdón. No debemos arrancar el texto de hoy de su contexto porque nos equivocaríamos mucho como los dos ejemplos que ya leímos anteriormente. Más bien veamos las condiciones del pecado que debería confesarse unos a otros.

Dos / Este texto nos hace recordar la participación de la iglesia en asuntos de las faltas de los demás. La tendencia es el chisme y el juicio. Pero aquí nos invita a la oración y la confesión mutua, tanto del que estaba enfermo como del que había pecado. Los pone a ambos en la misma categoría de comunidad. Confesar los pecados para que sea exhibida la gracia de Dios y la presencia del Espíritu y renovando la unidad y el fortalecer el compañerismo espiritual. Pero no la confesión de unos a otros en cultos y reuniones destinadas para esto ya que se corre el peligro de la exhibición y la morbosidad. Lo que se nos enseña es una confesión privada, que el hermano que ha agraviado a otro acuda con él para reconocer su falta y pedir perdón, recordemos Mateo 5.23-24 y Lucas 5.21. No creemos que esta confesión debe hacerse de una manera pública ante la Iglesia.

Tres / El tema de la oración comunitaria es un tema que debemos destacar. En el mismo capítulo, pero en los versos 13 al 15 nos dice: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” También en el texto de hoy dice: “…orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” La oración y la comunidad van de la mano. La oración y la enfermedad caminan juntas. La oración de unos por otros es una enseñanza constante en el Nuevo Testamento.

Pedro fue liberado de la cárcel cuando la iglesia oraba. También fue sanada su suegra cuando Jesús la visitó y la tocó. Pablo en Listra ora y un enfermo es sanado. Pongamos atención en la importancia que tiene la oración de unos por otros y, en especial, por los enfermos. Dios podrá sanarlo, si en su voluntad soberana, lo desea. Es el Señor que escucha la oración de su pueblo y atiende con misericordia en sanidad. No es nuestro el poder y la fecha de cuándo vendrá la salud por el que oramos. No se trata de que al orar sucedan respuestas milagrosas más bien estar preparados en la fe y el Espíritu, es decir orar no con indiferencia, sin vida y, sin poder, sino una oración seria, eficaz, perseverante. Así que mi amada iglesia continuemos orando unos por otros y creyendo como Jesús: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

Ánimo.

Pastor Rolando Guzmán