Un gran regalo de Gracia, dado por Cristo a su iglesia, es la comunión y unión de los creyentes, es un mismo pensar, un mismo sentir. Cada uno de nosotros somos diferentes por naturaleza, pero al ser llamados por Dios en una nueva vida espiritual, viene incluido el caminar en integridad junto con otros creyentes. Lo que mueve al cuerpo de Cristo, es Cristo mismo. El Espíritu Santo en nosotros es el imán más poderoso que puede unirnos en ese amor fraternal.

¿Cuál es ese mismo sentir? Ese mismo sentir es la convicción que vivimos cada día como hijos de Dios, la fe que compartimos en Jesús, el mismo Espíritu que nos fue regalado el día de nuestra salvación.

Lo que como iglesia se puede ver manifestado es el avivamiento de este mismo sentir que nos mueve y que es tan necesario que estemos en esta misma sintonía. ¿Cómo podemos trabajar en esto y demostrarlo? “Compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables…” Conectando todos los días con nuestra fuente eterna de vida, Dios, y entender que el mismo sentir en Cristo es fundamento para toda buena obra y glorificación a Él.

Finalmente, como iglesia cosechemos en cada oportunidad, toda buena obra que nos mantenga unidos. Prediquemos una misma cosa, a aquel Dios que por gracia y misericordia nos ama. Dando gracias a Dios y abrazando este regalo eterno que se goza es un mismo sentir por la obra de Cristo por nosotros.

Valeria de León Gámez