La Real Academia Española define la palabra hospitalidad como: “Virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades”, mientras que la Biblia hace referencia a esta palabra como “servicio doméstico hacia desconocidos y extranjeros”, por lo que tanto la Biblia como una sociedad ajena a la misma la definen como un acto de empatía y bondad aún con aquellos que no conocemos.

En el tiempo de Pedro este versículo cobra suma importancia debido a las persecuciones que sufrían los cristianos, lo que muchas veces los dejaba desterrados y a la deriva en lugares donde eran mal vistos o no tenían derecho a muchas cosas por el hecho de ser “extranjeros”, por lo que era de suma importancia que los hermanos en Cristo de aquellos años fueran capaces de ofrecer su apoyo a todos aquellos que se encontraban fuera de su hogar debido al sufrimiento por el evangelio.

En ocasiones, a nosotros como cristianos nos es fácil apoyar a nuestros hermanos de la iglesia que conocemos de toda la vida, con los cuales hemos pasado muy buenos momentos y con los que sabemos que seguiremos llevando una buena relación para siempre. La verdadera dificultad se presenta cuando Dios nos hace el llamado de tener esa misma empatía con personas que son ajenas a nosotros, personas de las cuales tal vez nunca obtendremos un “beneficio” por esa ayuda prestada, pero es precisamente en estas situaciones en las que el verdadero amor cristiano sale a florecer, ya que si nos encontramos firmes en la fe y agradecidos por lo que Dios ha hecho por nosotros nos resultará tan sencillo compartir el amor de Dios con otras personas que tanto lo necesitan, y todo esto sin esperar nada a cambio, simplemente como un acto de obediencia y gratitud.

Finalmente, la parte más difícil de este versículo es “sin murmuraciones”, esta palabra no hace más que referirse a que todo acto de hospitalidad que hagamos lo realicemos con alegría, sin quejarnos del sacrificio personal que esto conlleva, entendiendo que estamos cumpliendo con la voluntad de Dios y que este acto de hospitalidad lo realizó primeramente Dios con nosotros. Oremos para que Dios nos dé un corazón dispuesto a ayudar en cualquier momento a todos nuestros hermanos que necesiten de nuestro apoyo y que podamos tener la actitud de servicio en todo momento, dejando de lado cualquier situación que nos pueda alejar de la alegría de obedecer a nuestro Dios.

Ramsés Valderrama