Jesús estaba preparando a los discípulos para lo que se venía, el sacrificio último del cordero Hijo de Dios por el perdón de los pecados. Los discípulos seguían sin entender mucho de lo que Jesús les había estado compartiendo así que les muestra con un ejemplo tan simple, pero tan impactante en ese momento, sobre la humildad y el servicio al prójimo. No cualquiera lavaba los pies de otra persona, esto generalmente lo hacían los esclavos o las esposas de los señores de la casa.
En el verso anterior, Jesús les recuerda a sus discípulos que le reconozcan como Señor y Maestro porque lo es. Por lo tanto, este acto de humildad no es algo normal para nadie que vivía en esa época, aun cuando era un acto de hospitalidad común de la época, este lo hacían los esclavos porque era un acto desagradable. Jesús se asegura de darles un ejemplo no solo de servicio sino de un acto de humillación después de que se había suscitado una discusión porque Jacobo y Juan le pidieron a Jesús estar sentado a Su diestra en el cielo, lo que ocasiona que el resto se moleste con ellos y Jesús les dice que eso no es una decisión que Él puede tomar.
En un par de comentarios sobre este texto, leí que tal vez no había nadie en ese momento para lavarles los pies cuando llegaron al lugar en donde celebrarían la última cena de Jesús y así cenaron. Es entonces cuando Jesús aprovecha el momento para darles una muestra de lo que un siervo que sirve debe hacer. También la enseñanza de lo que se venía en la cruz, un Jesús menospreciado y humillado por las mismas personas que días antes lo habían recibido con palmas y cantos de salvador y rey de Israel por todos los milagros que había hecho durante su ministerio.

Jesús se despojó de su deidad para demostrarnos que aun en toda Su gloria, Él tenía claro su ministerio y lo llevaría a cabo, aunque esto le costaría la humillación y hacer cosas que no cualquiera haría porque así estaba establecido en esos tiempos. Tiempos en donde la religiosidad había opacado el verdadero servicio de los líderes que tenían como tarea promover la reconciliación de Dios y con los hombres, que era el plan original. Jesús nos enseña que tenemos que despojarnos de toda religiosidad para poder servir humildemente a los demás.
En la segunda parte del verso, me recuerda mucho a Proverbios 27:17 pues Jesús quiere que nos apoyemos unos con otros, necesitamos ser intencionales a exhortar a los demás, pero no sin antes asegurarnos de que estamos limpios de pecado, de lo contrario, podríamos ser de tropiezo antes que de ayuda. Pedro le reclama a Jesús y no le estaba permitiendo que le lavara los pies, pero Jesús le dice que hay que estar limpio para tener parte con Él. Entonces, Pedro le pide que lo lave completo porque sigue sin entender, y Jesús le responde que ellos ya están limpios, pero no todos, refiriéndose a Judas, que lo entregaría guiado por el diablo, el engañador. Tenemos que estar listos para servirnos los unos a los otros, pero no sin antes estar seguros de estar limpios de cualquier pecado en nuestras vidas para que así seamos de bendición.
Edgar Baruch


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