En lugar de dejar que asuntos sobre cosas que tienden a levantar disputas, nos dividan al cuerpo de Cristo, deberíamos de recibir los unos a los otros de la misma manera que Cristo nos recibió, en términos de pura gracia, a sabiendas de soportar nuestras faltas.

Pablo insiste en la idea de entender que la voluntad de Dios es recibir a todo aquel que haya creído en Jesús como Señor, sin importar su condición pasada, Jesús dijo “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” Juan 6:37. La receptividad de Jesús hacia nosotros es sincera y con el propósito de darnos vida eterna.

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” Juan 6:39. “Cristo no nos recibió debido a que éramos perfectos, o porque no pudiera ver falta en nosotros, o debido a que él esperaba obtener algo de nuestras manos.

¡Ah, no! Pero en su condescendencia de amor cubriendo nuestras faltas, y buscando nuestro bien, él nos dio la bienvenida a su corazón; así que, de la misma manera, y con el mismo propósito, deja que nos recibamos unos a otros.” Spurgeon.

Josué Ruiz