Una de las delicias más hermosas de ser papás es la oportunidad de enseñar las cosas “por primera vez” a los chiquillos. Los papás se sienten nada menos que héroes cuando logran enseñar a sus hijos cómo se llaman las cosas o cómo se hacen las cosas. Hay una satisfacción muy especial en ser el primero en enseñarle algo a un niño y que esto se le quede para siempre. Pero no todo es fácil de enseñar, sobre todo si son cosas que no se ven o que no se pueden palpar. Por ejemplo el viento, al principio es difícil que un niño entienda bien lo que es, particularmente si no se le pone frente a un ventilador o se le lleva a la naturaleza a sentirlo. Hay cosas en la vida que solo se pueden llegar a conocer desde la experiencia misma. Todos aprendimos a nadar echándonos al agua; Nadie aprendió a rodar en bicicleta leyéndolo en un libro y por supuesto que no se puede entender lo que es el amor viendo una película solamente o leyendo sobre él.
Especialmente con el tema del amor, hay que vivirlo para conocerlo y para entenderlo. Sin embargo, la experiencia no siempre nos enseña la totalidad de lo que queremos llegar a conocer. Una cosa es conocer Parque Fundidora y otra cosa es conocer Monterrey. No por conocer el Parque Fundidora uno puede decir que conoce Monterrey. Con el amor esto es especialmente cierto. Amar es mucho más de lo que sucede en una relación de pareja o incluso de lo que sucede en la familia. El apóstol Juan es el gran maestro del amor en la Biblia y nos enseña que es mucho más de lo que conocemos o hemos experimentado. Nos enseña de hecho, que el verdadero amor existe sólo en Dios y se conoce a través de lo que él hace por nosotros, Juan 3:16, 15:13, 1 Juan 4:16, etc. Por lo tanto, nunca llegaremos a conocer lo que es el amor fuera de la experiencia con Dios, y es por eso el mundo se pierde tanto en lo que tratan de definir como “amor”.

Cuando uno conoce a Dios, entiende perfectamente que el amor tiene más profundidad, más longitud y más sustancia que un simple beso con tu “crush” de la universidad. Es ahí mismo, en esa discrepancia entre lo que sí es y lo que “pensaba que era”, que entra la gran pregunta del ser humano: “Cómo es Dios”. Antes de acercarnos a la Biblia, el concepto de Dios era algo sujeto únicamente a lo que nos habían enseñado y a lo que lográbamos “sentir”. El apóstol Juan nos ayuda a entender cómo es Dios (inspirado claro, por el Espíritu Santo) desde un punto de partida de mucha honestidad y muy real: “Nadie ha visto jamás a Dios” dice en la 1a de Juan 4:12a. Conviene partir desde ahí para unificar criterios.
Es muy cierto, nadie tiene un privilegio especial de haber visto a Dios y por ende todos partimos desde el mismo lugar. Sin embargo, Jesús, enseña el mismo apóstol Juan, es quien ha dado a conocer a Dios, Juan 14:9. Es Jesús entonces, la más importante revelación de Dios. En otras palabras, para responder a la pregunta “Cómo es Dios” podemos ir con Jesús y conocerle. Así como es Jesús, así es Dios. Y está más claro que el agua, Jesús es más amoroso, más misericordioso, más fuerte, más santo, más fiel, más poderoso que cualquier ser humano jamás conocido.
Sin embargo, el apóstol Juan va un paso más allá y nos hace ver que nosotros también podemos tener el privilegio de participar en dar a conocer cómo es Dios al mundo. “Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros”. 1 Juan 4:12 NTV. Nadie dice que amarnos entre los hermanos de la fe sea fácil. Tiene que haber mucha intencionalidad y sacrificio para perdonar, reconciliar, ser amables, ser pacientes al estilo Jesús. Pero cuando lo logremos, haremos posible que Dios se vea entre nosotros pues esa clase de amor sólo puede apuntar hacia el gran perdonador que es Dios. Ese esfuerzo y sacrificio que existe en las acciones concretas de amor para con los hermanos de la fe, es una evidencia de que Dios mismo habita entre nosotros y se da a conocer a través de esa clase de amor. Amarnos entre quienes componemos la Iglesia no es un mandato para seguirse a regañadientes, Es una oportunidad para que el mundo conozca cómo es Dios.
José Luis Arellano


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