Un hombre espiritual no se deleita en verse honrado así mismo, ¡sino en ver a su Señor exaltado!- A. W. Tozer. Cristo nos a librado de la muerte y del pecado, no para vivir complaciéndonos, sino para la gloria de Dios y para el bien del prójimo. El gran fin de todos nuestros actos debe ser que Dios sea alabado y nada fomenta mejor esto que el entregarnos unos a otros en servicio y en aceptarnos unos a otros, como Cristo nos aceptó.
La iglesia es una gran familia, esto es posible por la sangre de Cristo que fue derramada en la cruz sobre nosotros con el fin de pertenecerle a Él, y también para pertenecernos unos a otros. Romanos 12:5 nos dice: que “Somos un cuerpo en Cristo y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada”, nos servimos unos a otros en Cristo Jesús.

Asi que, bajo esta visión, Pablo les dice a los creyentes en Roma que ya no hay diferencia entre judíos y griegos (gentiles) pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo… A los de Galacia también les dice: “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. A los de Colosas: una “renovación en la cual no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo, y en todos”.
Con esto queda demostrado que en Cristo todos estamos unidos, todo aquel que cree que Cristo es su Señor es porque Cristo lo recibió y lo hace con el propósito de glorificar a Dios, asi que Pablo nos invita a seguir el ejemplo de Cristo para que Dios sea alabado y la manera de hacerlo es sirviéndonos unos a otros según nuestros dones (Rom 12), pero también aceptándonos unos a otros(Rom 15:7). Pablo le ruega a la iglesia cristiana que reciban a los hermanos en la fe sin importar su raza, ni su condición social, que se unan en solo corazón para que juntos alaben a Dios, tanto débiles y fuertes, judíos o griegos, no importa, todos somos uno en Cristo.
No solo es una invitación a aceptar a los más fuertes de la familia, a los que nos caen bien, a los que hacen bien las cosas, a los que están llenos de gracia, también debemos aceptar, sobrellevar y servir con la misma pasión a aquellos que no son como nosotros quisiéramos, a los que cometen errores y pecan, por que Cristo asi nos recibió a nosotros, Spurgeon comenta: Cristo ha cubierto nuestras faltas con amor y busca nuestro bien, nos recibió a su corazón, asi que de la misma manera y con el mismo propósito debemos aceptarnos unos a otros.
Si se nos llega a complicar esto, cuando no podamos servir al débil, cuando creamos que es imposible superar la antipatía, cuando no queramos recibir a alguno por algunas diferencias de opinión o por algún pecado que cometió, cuando nuestro corazón se incline solo a favor de un sector de la familia de la fe, debemos saber, que hay algo que puede elevarnos por encima de todas estas molestias, es el hecho de saber de que con ello estamos alabando y glorificando a Dios el cual nos recibió en Cristo Jesús.
Jaime Mohacid


Deja tu comentario