Aún dentro del gran pez veo tu inmenso amor
Lamentaciones 3:22-42
“Señor, ¿por qué me está sucediendo esto? He dejado atrás todo lo que te ofende y he mejorado mi vida espiritual. ¿Por qué me permites este mal?” o “sé que hice mal y, he recibido las consecuencias, Señor” De seguro, hermanos, todos hemos dicho estas dos frases en algún momento de nuestra vida. A veces nos enfocamos más en la tormenta que en Aquel que puede calmarla. Aunque nuestro precioso Dios es un Dios de misericordia, también es un Señor de disciplina. La Biblia nos enseña en hebreos 12:6 que el Señor ama al que disciplina. Y muchas veces pensamos que la disciplina de Dios es un castigo y no es así. La disciplina es un medio para alcanzar la santidad, perfección, fe, gozo, paciencia y todo lo que nos falta para estar cerca de ser como Cristo. Y quizá no le falte fe, pero sí amor. Quizá no le haga falta paciencia, pero sí gozo. Si nuestro objetivo es alcanzar la estatura del varón perfecto, tenga por seguro que Dios nos va a disciplinar. Él promete disciplina a sus hijos porque nos ama, y creo que, si nuestros ojos deciden enfocarse en esta verdad, veremos de manera diferente esta promesa de Dios a nuestra vida. Querido hermano, no sé si este pasando actualmente por una disciplina de parte de Aquel que lo ama, pero si es así, recuerde Lamentaciones 3:31-32: “Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” Aún en la tempestad, Él está a nuestro lado, abrazando, consolando y repitiéndonos una y otra vez que está situación es para nuestro bien, Romanos 8:28 nos confirma esta verdad. Quizá no lo veamos así en ese momento, pero una vez que crucemos al otro lado y miremos atrás habremos entendido el propósito de esa disciplina y la respuesta final será “No era lo que quería, pero era lo que necesitaba y puedo contemplar el amor que me mostraste en cada segundo de este proceso”
Hermanos, doy por hecho que todos nos sabemos la historia de Jonás, pero analicemos juntos este suceso. El profeta desobedece el mandato de Dios y Él le manda un gran pez para que se lo trague. Jonás sabía lo que había hecho y entendió su pecado. Imagínese la situación de este profeta, dentro de un pez para empezar, completamente asustado, sucio y soportando el hedor ¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido dentro de un pez? No vemos ninguna salida. Pero aún allí Jonás pudo decir: “Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste”. Recuerde que no importa el tamaño de la situación, importa la grandeza de mi Señor poderoso para hacer cualquier cosa posible.
Es mi deseo, hermano, que aun dentro del gran pez, vea el inmenso amor de nuestro Señor Jesucristo. Y sí está pasando por la primera frase de este devocional, déjeme decirle que Dios quiere que alcance la perfección en algún área o áreas de su vida, y necesita ese pez para llegar a donde Dios quiere que llegue. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios y que inmensurable es su disciplina!
Que Dios le bendiga, hermano.
Cesia Ximena Hernández Caballero


Deja tu comentario