Dios promete una vida eterna sin dolor ni tristeza

Apocalipsis 21:1-8

Cuando leí este pasaje, me fue imposible quitar de mi mente el sentir de una de mis hijas respecto a la vida eterna. Aunque ella en su corta edad es consciente y tiene muy claro el concepto de “vida eterna”, en algunos momentos muy puntuales de su vida, le ha dado miedo y hasta cierta ansiedad pensar en que viviremos con Dios por siempre, por toda la eternidad.

Hablando con ella, en una de esas ocasiones, le decía que no se tenía que preocupar por lo que vendría. Que podía enfocarse en el presente en las cosas bellas y buenas que Dios nos regala cada día, las cosas buenas que tenemos a nuestro lado hoy

Pero reflexionando en esto me quedé pensando que muchas veces nosotros actuamos de una manera similar, nos angustiamos por el futuro, por el trabajo, por la familia, nos afanamos y en cierto grado dejamos de confiar en Dios.

Me gustaría resaltar 3 cosas que me gustaron mucho del pasaje y que podemos aplicarlas:

3y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21: 3 y 4, RVR1960)

1.- Dios en su palabra promete estar con nosotros.

2.- Dios en su palabra promete que no tendremos llanto, ni pena, ni dolor.

3.- Dios en su palabra promete que no habrá tristeza, ni muerte.

¿Qué más confianza podemos tener al saber que Dios mismo está y estará con nosotros a nuestro lado? Cualquier cosa que necesitemos podremos acudir a Él en el cielo nuevo, pero también hoy en día.

Si bien en nuestro ahora hay cosas que nos causan tristeza, dolor, llanto, pérdidas de seres queridos, pérdidas de empleo, fracasos, etc… En cualquier situación, Dios está con nosotros y podemos aferrarnos a eso.

Tal vez estamos pasando por pruebas duras en nuestra vida hoy en día, pero mi hermano, recordemos que Dios nos conoce y sabe todo lo que nos pasa. Podemos acudir a ÉL para pedirle que su mano nos cubra, nos proteja, nos consuele, para que nos de la paz que solo Él da.

En el cielo nuevo y la tierra nueva, no habrá más dolor ni tristeza; pero en la tierra vieja, en que hoy vivimos del dolor y la tristeza, se puede salir adelante y victorioso tomado de la mano de nuestro Dios.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo (Apocalipsis 21:7, RVR1960)

Mis hermanos, ¡CONFIEMOS en sus promesas! DIOS les bendiga.

Jorge Joab Ramírez García