El Dios que nos restaura
Ezequiel 11:14-21
El pacto de Dios con su pueblo no se apoya en la buena conducta o la fidelidad que tengamos, sino más bien en el amor inalterable e incondicional de nuestro Dios. Ezequiel siendo profeta y sacerdote estaba particularmente interesado y familiarizado con los detalles del templo y así Dios lo usó para escribir mucho acerca de ellos; en este pasaje Ezequiel nos muestra una descripción moral de Israel, de lo que estaba pasando internamente en Jerusalén, lo que estaba pasando con el pueblo, principalmente con los dirigentes, con los sacerdotes, con los profetas, porque lo que estaba sucediendo dentro del templo no era nada bonito, estaban teniendo imágenes de idolatría en el atrio del santuario, adorando erróneamente.
Ezequiel estaba en Babilonia y en esta visión él es transportado a Jerusalén. En ese momento histórico estaba como profeta de Israel Jeremías. Un solo profeta de Dios contra veinticinco hombres que estaban a la puerta del santuario del templo, veinticinco hombres que maquinaban perversidad y aconsejaban mal a la ciudad; lo que nos indica que no siempre la mayoría tiene la razón, no siempre la mayoría tiene la verdad, no siempre la mayoría quiere el bienestar de los demás. A veces es un remanente, una sola persona o un grupo pequeño el que está dejándose dirigir por el señor.
Podemos entender que quizás estos hombres decían: “lo que dice Jeremías es mentira, esta ciudad no va a ser destruida jamás porque el señor está con nosotros, porque este es el templo de Dios”. Pero el mensaje que Jeremías da al pueblo (Jeremías 7) era “ustedes no se confíen diciendo: Templo de Dios, templo de Dios, Templo de Dios es éste”. Porque lo que hace valioso al templo es saber que la presencia de Dios está con nosotros cuando somos obedientes, cuando hacemos su voluntad y cuando cumplimos la misión que nos ha encomendado; estos hombres creían y tenían la seguridad que Dios los iba a ayudar porque tenían el templo y porque eran dirigentes, se sentían autorizados a decir cualquier cosa y la gente les iba a creer, estos hombres perversos decían: “no será tan pronto” no será tan pronto la destrucción, como diciendo eso no va a ocurrir, eso no va a pasar, edifiquemos nuestras casas, los muros que fueron destruidos, las puertas que fueron derribadas, vamos a reconstruir la ciudad porque los Babilonios no vendrán más.
Pero vino palabra de Dios a Ezequiel diciendo: “Yo he entendido las cosas que habéis dicho casa de Israel, ustedes se querían refugiar en la ciudad pensando que yo los iba a proteger, pusieron su confianza en los muros, pusieron su confianza en el mismo templo, pusieron su confianza en sus dirigentes, pero esto no va a prevalecer”. Jehová les dijo que traería espada sobre ellos, los entregaría en manos de extraños, haría juicio entre ellos para que sepan que Él es Jehová.
La razón por la cual sucedió todo esto dice Jehová: “Ustedes no han andado en mis estatutos”. Preguntémonos sino sucedo lo mismo el día de hoy; al referirse a los estatutos está hablando de la Ley de Dios (los diez mandamientos), porque ellos habían caído abiertamente en la idolatría y si no tenían respeto a Dios pues mucho menos tenían respeto a sus semejantes.
Mientras Ezequiel profetizaba uno de los veinticinco hombres murió y entonces vino una gran tristeza al profeta a causa de la rebeldía; en medio de la angustia y del dolor, vino palabra de Dios al profeta Ezequiel, mostrándole que sus hermanos, las personas que él amaba, sus familiares, sus allegados fueron los que desviaron a su pueblo, los que les enseñaron a alejarse de Dios.
Pero la fidelidad de Dios se mostró una vez más, pues a pesar de que muchos fueron esparcidos por las deportaciones, con todo eso, Dios les dio la promesa que estaría con ellos sin importar el lugar en el que se encontraran, no solamente en el templo de Jerusalén (que dentro de poco sería destruido en ese contexto histórico) sino que les dio la seguridad de que estaría con ellos así sea en lo más lejano de la tierra como un pequeño santuario; y esta promesa sigue vigente para nosotros porque hoy tú puedes estar en tu casa, en tu trabajo, en tu estudio o en tu iglesia y Dios está contigo cuando tu estas dispuesto a hacer su voluntad. Así también Dios les dio la promesa de que serían restaurados, que después de setenta años volvería a darles la tierra de Israel, volverían allá y harían reformas que mejoraría la vida del pueblo y vemos que esas reformas se cumplieron, pues conocemos la historia que cuando el pueblo de Dios quería desviarse, Esdras y Nehemías estaban dispuestos a corregirlos; así también para nosotros, cuando Cristo venga seremos reunidos para pronto ser llevados a la patria celestial, esa es una noticia que debe fortalecer nuestra fe y llenarnos de esperanza.
“Y les daré un corazón nuevo, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos y quitare el corazón de piedra en medio de su carne y les daré un corazón de carne”. Dios nos promete renovación completa; pero esa renovación tiene que comenzar hoy en nosotros, porque hoy nos estamos dando cuenta de las cosas erradas que están pasando, hoy es cuando tenemos que decir dentro y fuera de nuestras congregaciones que los mandamientos de Dios están vigentes, porque son el reflejo de su carácter, porque son la norma que debe guiar nuestro caminar como iglesia, porque Dios no se equivoca y quiere cambiar nuestros pensamientos para que andemos en sus ordenanzas, para que guardemos sus decretos para que los cumplamos, para que seamos su pueblo y entonces Dios pueda decir, yo soy Dios de ustedes. Milca Sarai Gómez Villa.


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