Siempre recuerda voltear hacia arriba.

Salmo 121: 1-8

Este es, sin lugar a duda, es uno de los pasajes más conocidos. Y no es para menos pues es, al mismo tiempo, uno de los más socorridos en nuestra vida cristiana.  En la vida cotidiana he escuchado muchísimas veces la noción de que un cristiano no tendría por qué tener problemas o enfrentarse a dificultades; la noción de que un cristiano nunca enfrenta problemas en la vida ya que cuando se es “hijo de Dios” nunca más hay cosas malas o difíciles en la vida.

Esto no es en lo absoluto cierto. Es más, podríamos decir que es completamente contrario, no solo a la experiencia de todo cristiano en la historia, sino contrario a lo que nos muestra la palabra de Dios. A lo largo de toda la escritura podemos encontrar cientos de ejemplos de casos donde las dificultades han azotado la vida de todas las personalidades que vemos en sus páginas. Desde Abraham hasta los apóstoles, por nombrar algunos ejemplos, todos ellos se enfrentaron a muchísimas dificultades a lo largo de su vida.  Y quizá puedas llegar a pensar: “Eso pasó hace mucho tiempo, los tipos de problemas han cambiado y ya no son como antes.” Este tipo de ideas representan, no solo un tropiezo espiritual, sino una concepción completamente errónea del poder de Dios. Si repasamos lo que dice el pasaje vemos un testimonio fidedigno del poder de Dios, no solo en nuestras situaciones sino en toda la creación. Si el “Dios que hizo los cielos y la tierra” ha prometido cuidarnos y ser nuestro socorro ¿queda algún lugar para el temor en nuestras vidas?

Mientras más avanzamos en la lectura nos damos cuenta del cuidado tan grande que Dios tiene con sus hijos. Tenemos la promesa del cuidado y socorro del Dios que hizo los cielos y la tierra. Tenemos una promesa que toca precisamente en las fibras más nerviosas de nuestro ser cuando la palabra dice “no se dormirá el que te guarda”. En las cuestiones más inciertas de la vida tenemos la seguridad que viene del Altísimo.

En este mundo tan incierto, el Salmo 121 nos invita a confiar plenamente en Dios. Él es el único que tiene el poder de guardarnos y darnos seguridad. Alzamos nuestros ojos a las montañas, pero nuestra verdadera ayuda viene del Señor, el creador del universo, que no se cansa ni duerme. Hoy, en medio de cualquier circunstancia que estemos atravesando, podemos descansar en la certeza de que Dios es nuestro protector fiel, quien nos guarda y nos cuida siempre.

Le invito a reflexionar en la lectura de este pasaje tantas veces como sea necesario y, en la intimidad con Dios, hacer una oración donde le demos gracias a Dios porque podemos confiar en su protección y cuidado constante. Alabarle porque nunca se duerme en nuestros momentos más precarios y siempre está atento a nuestras necesidades. Le invito a hacer una oración y tener la determinación de depositar tu confianza en Él, sabiendo que Él es nuestra ayuda y nuestro guardián fiel.

Javier Asael Hernández Caballero.