El Apóstol Pablo en esta carta les da instrucciones claras a los Corintios, de cómo la iglesia debería de relacionarse unos con otros. Era muy importante esta instrucción, porque la iglesia es la portadora del mensaje que Cristo ya había dado a los discípulos.

Gálatas 5:13-15 “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.

La forma del saludo de unos con otros, era uno de los distintivos que debieran cargar en su alma los creyentes, en su relación no tan solo entre unos y otros creyentes. Porque nadie lo hacía. Nadie saludaba a los otros de la forma en que los creyentes lo hacían.

Debiera llevar ese “Beso Santo”, el cual los demás lo distinguían cuando lo hacemos por plena convicción. Esta palabra es muy importante, porque si es de otra forma, entonces caeríamos en hipocresía, y esto también se nota con facilidad.

Nosotros los creyentes al reunirnos por ejemplo en un restaurante, la conversación que hemos de tener, debe oírse ante los demás, de tal forma que al menos distingan el vocabulario; y el respeto entre nosotros, llevando en esto un mensaje de distinción, con mucha intención porque hemos de ser siempre “Cartas Abiertas”, en medio de este mundo que no busca a Dios.

Nosotros sabemos que vivíamos de la misma forma, sin buscar a Dios; pero Dios en su grande misericordia, vino a nosotros, nos trajo el evangelio, nos hizo creer en él y quitó el velo que el dios de este siglo nos había puesto en el alma; y ahora tenemos la responsabilidad de transmitir el mensaje de unos a otros, mensaje de paz y de perdón, para que el mundo lo vea y lo anhele.

“Ante el amor no hay defensa.” Queremos decir que este lenguaje, el del amor, y específicamente el del amor de Cristo, el del amor entre los creyentes, ese amor que lleva siempre ese “ósculo”, que cuando así se pretende y así se envía, no hay nadie que pudiera objetarlo, porque lleva consigo la santidad de ese beso.

Juan Enrique González Moreno