El Amar existe en diferentes formas y manifestaciones, pero el amor que nos define la Palabra es algo que para el ser humano natural es imposible; en las escrituras claramente nos dicen que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y este amor que Dios nos manda no puede ser diferente a lo que la misma Palabra nos define; la escritura nos exhorta a que nuestro amor no sea solo de palabras, mostremos la verdad por medio de nuestras acciones, «como él nos ha amado.»
La Palabra de Dios dice que si no tengo amor, termino siendo como un metal que resuena; ese amor que viene de Dios nos lleva a ese vínculo perfecto, como nos lo muestra Pablo en su carta a los Colosenses 3:14: “Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía”, es decir, vestidos de amor, que es el vínculo perfecto rodeado de una armonía y paz de la presencia del Espíritu Santo entre hermanos genuinos, en el mismo sentir, en el mismo espíritu.
Y también, como lo dice Pablo en la carta a los Filipenses 2:2: “Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.”

En Colosenses 3:16, el Señor nos dice: “Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido.” Todo lo anterior nos enseña cómo debemos amarnos con el amor de Cristo, el estilo de Cristo y su ejemplo.
Y este amor que nos ordena nuestro Salvador no depende de estatus social, ni del tiempo en la iglesia, ni mucho menos de las circunstancias. Este amor depende del amor de Cristo que predomina en el interior de cada persona. Amar solo a los que nos aman es muy común; incluso, la palabra de Dios nos aclara ese punto en el libro de Lucas 6.32: “¿Qué mérito tienen ustedes al amar solamente a quienes los aman?”
Esto nos debería llevar a meditar, en un ejemplo muy práctico: ¿cuál es mi reacción ante personas que llegan a la iglesia y su apariencia no es agradable a mi juicio?
En conclusión, amar como Cristo nos ha amado es necesario reconocer que sin Él, nada podemos hacer, ya que Él sana nuestro corazón y nos lleva a una verdadera comunión en su presencia. El fruto del espíritu en nosotros no permite mostrar ese amor incondicional a los demás.
Alejandro Auces


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