En el tiempo que vivimos, las palabras sujetarse o someterse no son bien recibidas, por un lado vivimos en una época donde cada uno exige sus derechos, entiende que esos derechos le permiten actual como cada quien quiera dentro del marco establecido por la ley.
Por otro lado cuando las personas escuchan las palabras sujetarse o someterse se dispara una alerta en el cerebro que les dice que algo esta mal, y es que, escuchar que alguien se somete a otro se percibe como una relación donde hay alguna forma de abuso. Para el cristiano esto no debería ser así, pues cuando decidimos seguir a Cristo, lo reconocimos como Señor, es decir decidimos estar sujetos a Él, someternos a su voluntad, al reconocerle como Señor decidimos ser obedientes a su mandato, y es Jesús a través de Pablo que nos dice que nos sujetemos unos a otros.
La palabra sujetarse vine del griego “Hipotasso” es una palabra compuesta: “debajo” y organizar”, esta palabra era un término militar griego que significaba organizar las tropas bajo el mando de un líder. En el uso no militar, era una actitud voluntaria de ceder, cooperar, asumir responsabilidades y llevar una carga. El texto en que meditamos esta mañana no indica una sujeción o sumisión en una dirección, por ejemplo, de un empleado hacia su jefe, de un soldado a un oficial, de un ciudadano a la autoridad, el texto nos habla de una sujeción o sumisión mutua, y el propósito de esta orden de Jesús es enseñarnos a relacionarnos en la iglesia.

Es cierto que someternos unos a unos a otros, no parece ser una tarea fácil, definitivamente intentar en nuestra fuerza o capacidad, sujetarnos unos a otros será muy difícil, y si estamos del otro lado, es decir, cuando debemos ejercer autoridad sobre otros, aunque parecería ser más agradable igualmente resulta ser muy complicado, entonces ¿Es posible vivir sujetos unos a otros?
Claro que es posible, lo es porque es un mandato de Jesús, además Jesús es un ejemplo de sujeción y de ejercer autoridad. Pero no piense que sujetarnos unos a otros, podrá ser logrado solo si usted hace un gran esfuerzo, verlo de esta manera podría incluso desanimarlo antes de intentarlo, como personas somos impacientes, no toleramos fallas, oponemos resistencia a puntos de vista diferentes al nuestro, nos gusta que nuestros derechos se respeten, y la lista podría continuar, por eso, sujetarnos a otros puede verse como una tarea gigantesca.
Seguramente usted recuerda a Goliat retando al ejército de Israel, los israelitas veían al gigante, sabían que era un hombre diestro en la guerra, reconocían que ninguno de ellos igualaba las condiciones físicas y habilidades de Goliat, se sabían incapaces de vencerlo y nadie respondía el reto, pero llegó David, un joven, que igual que el resto de los hombres del ejército de Israel no estaba a la altura de Goliat, ni físicamente ni en habilidades, pero David tenía un enfoque diferente al del resto del ejército de Israel, él confiaba que en el nombre de Dios, podía derrotar a ese gigante, lo enfrentó y lo venció.
Justamente es lo que tenemos que hacer, en lugar de esforzarnos por nosotros mismos por sujetarnos unos a otros, pongamos nuestra mirada en Dios.
Actuemos de acuerdo a la identidad que tenemos en Cristo, Él oró para que todos seamos uno, y con su obra nos hizo uno, derribando la pared intermedia que nos separaba; al ser uno en Cristo no hay lugar para la rebeldía ni los abusos. Anhelemos y busquemos la llenura del Espíritu Santo, su fruto: amor gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, es una evidencia de crecer en el carácter de Cristo, y recuerde que Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
Reconozcamos la autoridad de Cristo, Dios sometió todas las cosas bajo sus pies (Cristo), y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, reconocer la autoridad nos lleva a la obediencia. Jesús llamó a sus discípulos a seguirlo, Pedro y Andrés dejaron sus trabajos, Juan y Jacobo, dejaron a su padre, obedecer a Jesús es lo que hace un discípulo.
Sujetarnos unos a otros es una expresión de una vida saludable en comunidad, sujetarnos unos a otros solo es posible cuando cada miembro de la comunidad vive una vida dependiente de Dios.
Francisco Barrón


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