Dios promete librarnos del mal
Jeremías 1:1-19
4El Señor me dio el siguiente mensaje: 5—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones. 6—Oh Señor Soberano—respondí—. ¡No puedo hablar por ti! ¡Soy demasiado joven! 7—No digas: “Soy demasiado joven”—me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. 8 No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he hablado!” (Jeremías 1:4-8, NTV)
En estos primeros versículos podemos ver un hermoso llamado de Dios a uno de sus siervos más usados. Dentro de estas palabras Dios, manifiesta el amor que tiene y que Él le ha preparado un camino desde mucho antes que naciera.
Jeremías tenía una dura encomienda de parte de Dios, exhortar y convencer a un pueblo de cerviz cada vez más dura. En esta parte de la historia, una vez más el pueblo de Israel trata de mantener viva su relación con Dios mediante el limitado cumplimento de sus ritos de adoración y ceremonias religiosas; pero con sus actitudes demostraban un rechazo a Dios. Seguía siendo un pueblo religioso, que tenía fija la idea que haciendo las cosas a su manera ganarían el favor de Dios; sin embargo, inevitablemente esta religiosidad los llevaría al fracaso y caerían en condenación.
Jeremías exhortaba continuamente a la nación a confiar y esperar en el Señor, pero el pueblo se encontraba sumido en el mas terrible pecado de idolatría. Ellos adoraban a dioses extraños y aún los lideres religiosos animaban al pueblo a cometer esta infidelidad y celebraban las fiestas paganas. En el Nuevo testamento el apóstol Pablo sigue manifestando esta gran preocupación que Dios puso sobre los hombros del profeta Jeremías:
1Amados hermanos, el profundo deseo de mi corazón y mi oración a Dios es que los israelitas lleguen a ser salvos. 2Yo sé que ellos tienen un gran entusiasmo por Dios, pero es un fervor mal encauzado. 3Pues no entienden la forma en que Dios hace justas a las personas ante él. Se niegan a aceptar el modo de Dios y, en cambio, se aferran a su propio modo de hacerse justos ante él tratando de cumplir la ley. 4Sin embargo, Cristo ya cumplió el propósito por el cual se entregó la ley. Como resultado, todos los que creen en él son hechos justos a los ojos de Dios.” (Romanos 10:1-4)
Mis queridos hermanos, esta historia se repite con frecuencia a lo largo de la historia y aún hoy en día. Dios siempre busca la comunión con los hombres y ha establecido un camino para alcanzarla. Sin embargo, muchos tratan de hacer las cosas a su manera, buscando agradarle por medio de la religión.
Javier Lazcano


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