Dios provee el sustento
Salmo 127
Cuando leemos la palabra “prosperidad”, quizá lo primero que se nos viene a la mente es dinero. En lo personal, cada inicio de año noto como las noticias empiezan a hablar de cosas negativas, especialmente en cuanto a economía. Siempre incluyen el tipo de cambio del peso contra el dólar, el nuevo precio —generalmente aumentado— de la gasolina y lo que se espera en cuanto a los mercados financieros.
En mis años de profesionista y de caminar con Cristo he notado que tiendo a siempre querer hacer más para poder aspirar a un mejor trabajo, con un mejor salario. Al final de cuentas, vivimos en una de las ciudades más caras de toda América Latina.
1Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes. 2De nada sirve que ustedes se levanten muy temprano, ni que se acuesten muy tarde, ni que trabajen muy duro para ganarse el pan; cuando Dios quiere a alguien, le da un sueño tranquilo. (Salmo 127: 2, TLA)
Este es uno de tantos pasajes en los que nuestro Dios nos indica que Él debe estar primero en nuestras vidas. Nosotros nos tenemos que enfocar en vivir para Dios, en crecer en nuestra vida espiritual y en ponerlo como pilar fundamental de nuestras vidas; Él se encargará de lo demás. Yo podría trabajar horas extra, tomar mil cursos y trabajar día y noche para lograr poner un negocio exitoso u obtener un mejor trabajo; pero si Dios no está consultado en estos planes, de nada servirá tanto trabajo.
Por otro lado, en este salmo, Dios nos presenta una definición más completa de lo que significa la prosperidad. Es una definición que pone en alto al privilegio de tener hijos y, por ende, una familia.
3Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa. 4Los hijos que nos nacen cuando aún somos jóvenes, hacen que nos sintamos seguros, como guerreros bien armados. (Salmo 127:3-4, TLA)
Vivamos tranquilos. Definitivamente hay que esforzarse y trabajar para llevar sustento a nosotros mismos o a nuestra familia; pero estemos plenamente conscientes que Dios es quién nos promete el sustento cuando está en el centro de nuestra vida.
Samuel Longoria García


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