El texto previo constituye una instrucción directa que debemos cumplir, para con todas las personas a nuestro alrededor, Dios pide de nosotros un amor ferviente, fervor = sentimiento intenso de profunda veneración y respeto, es la muestra de entusiasmo y admiración hacia alguien. Yo, humanamente me preguntaría ¿Por qué debo amar a un desconocido? o ¿Por qué debo amar a alguien que es malo conmigo, con mi familia o con la gente que aprecio?

La respuesta es simple, debo amar a las personas a mi alrededor, conocidas o no, por obediencia, porque al amar como Dios nos pide hacerlo, nos comprometemos con el PLAN de DIOS y se nos permite ser parte del mismo. En nosotros crecen la empatía y la misericordia por la humanidad, de modo que buscamos a toda costa compartir el Evangelio, tratamos de ayudar a otros a conocer el amor de nuestro Señor, para que alcancen salvación, nos volvemos serviciales, generosos y empezamos a participar activamente en la generación de un mundo como el que tenemos prometido después de la segunda venida de nuestro Señor Jesús.

El mejor ejemplo de ese amor, es precisamente el que Cristo nos mostró, pues nos ha amado de una forma tan grande y ferviente, que incluso decidió dar su vida en la cruz del Calvario para cubrir nuestros delitos y pecados, para generar el puente que restaure la relación entre Dios y los hombres, por puro amor. Tan grande es el amor de Dios por la humanidad, que Jesucristo entregó su vida por toda la humanidad, igual por justos que por pecadores, para ello no requirió de nuestro arrepentimiento o nuestra solicitud, Él nos amó, sea que lo merezcamos o no; por ello amados hermanos y hermanas, seamos obedientes, amemos incondicionalmente, en obediencia y compartamos la Palabra del Señor, seamos instrumentos de bendición en sus manos para extender su reino.

Con esa obediencia, hacemos patente la obra redentora de Cristo pues su sacrificio cobra sentido cuando un alma que no le conocía lo proclama como su Señor y Salvador, pues alcanza salvación precisamente por ese amor incondicional que Jesús nos ha mostrado.

José Luis Torres