Antes de avanzar podemos leer también 2ª de Corintios 13.12, 1ª de Tesalonicenses 5.26, 1ª Corintios 16.20, Romanos 16.16. Dios nos hizo seres sociales. Necesitamos de los demás para sobrevivir. Por esto, Dios decidió que desde pequeños estemos insertos en una familia y esta se relacione a su vez con otra y otra hasta conformar comunidades y sociedades más extensas. Este hecho podría ser suficiente para que entre nosotros se dé de forma natural las sanas convivencias, pero no siempre es así.
El saludo es la forma para dirigirse a alguien a través de gestos, expresiones o palabras. En la historia de las civilizaciones han existido distintas formas para saludarse. En el mundo oriental inclinaban la cabeza y aún hoy sigue siendo frecuente. En Afganistán se daba señal de respeto si al saludarse se tocaba la barba. Una tribu africana saludaba alzando las manos y dando tres palmadas al aire. En el siglo XIX, en Estados Unidos, se daban la mano para saludarse y expresar que se iba con buenas intenciones, sin armas de por medio.

De hecho, Saludar viene del latín salutare, desear salud. El beso fue una forma de saludarse desde la antigüedad. Era una forma de demostrar cariño. Los romanos se besaban como forma de saludo. Se distinguían tres clases de besos. El osculum era el beso social; el basium era el beso que se daban los amigos y las personas de confianza; y, por último, estaba el suavium, el beso dado en el ámbito más íntimo, en las relaciones amorosas o de pareja.
En el Nuevo Testamento, el apóstol Pedro, en su primera carta, en el capítulo 5, comparte una serie de consejos. Algunos de estos se refieren al carácter que deben mostrar como creyentes en Cristo y otros a la forma de relacionarse unos con otros en la iglesia. En su despedida, menciona: “Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén”. Y así termina su carta.
El apóstol está resaltando lo importante que es la forma de dirigirnos unos a otros en el saludo y/o al despedirnos. No solo es un acto de cortesía o de buena educación. Saludarnos con muestras de amor es elemental en la iglesia de Cristo. Aquí, Pedro hace referencia a un ósculo santo o beso de amor fraterno, como se menciona en otras versiones. Fue una práctica cultural aprendida de la sociedad romana.
El saludo entre nosotros debe mostrar a Cristo. Nuestro rostro debe mostrar a Cristo, nuestras actitudes ante los hermanos y hermanas deben mostrar a Cristo. Desear salud, desear el bien debe ir acompañado de muestras de cariño, de amor. Nuestros ojos, brazos y todo nuestro ser deben reflejar al Cuerpo de Cristo el carácter de Cristo en nosotros. Si saludar con un beso, con una sonrisa, se nos hace difícil, pidamos ayuda a Dios. Si nuestro saludo al hermano no se acompaña con un gesto de amor en nuestro rostro, algo no está funcionando. Nuestra relación con Dios diaria nos debe nutrir para poder mostrar amor a nuestros hermanos, hermanas, niños y niñas en nuestra iglesia.
Martha Flores


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