Acercarnos a Dios para alabarle y adorarle es algo que se ha vuelto común en las reuniones que tenemos como cristianos. Para nosotros, iniciar con cantos de alabanza es algo esencial para acercarnos a él mostrando nuestra devoción y amor.

En algunas iglesias parece que los momentos de alabanza y adoración tienen mucho impacto. La forma en cómo se tocan los instrumentos y cómo se oyen las voces, nos impactan tanto que quisiéramos escuchar más.

En otras iglesias, a veces solamente cuentan con un piano o una guitarra y uno o dos cantantes. En algunas iglesias se tienen foros con luces y efectos que impactan visualmente a los congregados. La pregunta es: ¿Dios se impacta con eso? ¿Esa es la adoración que Dios busca?

En el evangelio de Juan capítulo 4 se nos describe un encuentro que tuvo Jesús con una mujer samaritana, quien le hizo esa pregunta. La respuesta de Jesús fue contundente: “Dios busca verdaderos adoradores que adoren al Padre en espíritu y en verdad”.

Pero ¿Cómo se adora en espíritu y en verdad? Los verdaderos adoradores son aquellos que Dios ha redimido, es decir que ha buscado. Podemos decir que la adoración es una consecuencia inmediata a la salvación. Nuestro espíritu nace y tiene una relación directa con el Padre a través de Jesucristo. De tal forma que en nuestras vidas se manifiesta la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios es espíritu. No puede estar limitado a un edificio o a una imagen, a una persona o un instrumento. Eso lo debemos tener en mente. Dios está en todas partes y está vivo a nuestro alrededor; en él vivimos, nos movemos y existimos. No debemos esperar estar en una iglesia o templo para adorar, debemos adorar en todas partes y en todo momento.

En este encuentro con la samaritana, Jesús menciona al Padre no como aquel con el que tenemos una comunión íntima, sino como la primera persona de la Trinidad. En Juan 14, Jesús dice: “El Padre y yo somos uno mismo”. Así que nadie puede adorar a Dios en espíritu si no adora a Jesús y reconoce que es Dios. En Efesios 1 el apóstol Pablo dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.

En muchas partes del Nuevo Testamento se identifica que Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo haciendo énfasis en que son de la misma esencia. Ahora bien, ¿Cómo adoramos en la verdad? La Biblia muestra la verdad de Dios, la cual guía nuestra adoración. Cuando nos reunimos para adorar a Dios nos convertimos en un templo viviente. Todo esto es posible porque al ser redimidos somos bautizados con el Espíritu Santo y Jesús le dijo a los apóstoles que el Espíritu Santo los guiará a toda la verdad.

Así que el adorar en el espíritu implica que estemos en comunión con la Palabra de Dios. Es por eso que muchos de los cantos de adoración tienen en su letra partes de la Biblia o mencionan los atributos de Dios, mismos que nos revela la Biblia. Es tan importante mantener esa relación con Dios por medio de su Espíritu para poder presentar una adoración que le agrade. Para que nuestra adoración sea un sacrificio de olor fragante para él.

Cada uno de nosotros somos una piedra viva que edifica el templo de Dios. Así que Dios se mueve en medio de nosotros cuando nos reunimos a adorar. Por eso es tan importante que no dejemos de congregarnos, para estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras y a honrar y adorar a Dios.

Por último, hay que recordar que, cuando estemos en la presencia de Dios, estaremos adorándole, así que, vivamos nuestra vida como si fuera un ensayo para presentar nuestra adoración a Dios por la eternidad.

Jesús Arturo Solorio