¡Hola! Espero que te encuentres bien y que ésta carta llegue a tu corazón como un susurro de esperanza y consuelo en medio de la tormenta que estás atravesando. Mi corazón se conmueve al pensar en la ansiedad que experimentas debido a la enfermedad de un ser querido. En estos momentos difíciles, quiero recordarte las palabras de la Biblia que han sido una fuente de fortaleza y consuelo para mí y para muchos a lo largo de la historia.
En estos momentos, la Biblia se convierte en un faro de luz, guiándonos a través de las tormentas de la vida. En Isaías 41:10, el Señor nos dice: «No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia». Estas palabras son un recordatorio de la presencia constante de Dios en medio de nuestras luchas. Él no solo está presente, sino que también ofrece fortaleza, ayuda y sostén. Puedes confiar en que Su justicia y amor son pilares inquebrantables en los que apoyarte.
En 2 Corintios 1:3-4, encontramos consuelo en la idea de que Dios es el Padre de toda misericordia y fuente de consolación: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier angustia, con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios». Este pasaje nos invita a buscar y encontrar consuelo en Dios, para luego compartir ese consuelo con otros que también enfrentan aflicciones. En el acto de consolar a otros, encontramos una conexión profunda con el amor sanador de Dios.
Salmo 34:18 nos asegura que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu. En medio de la dolorosa realidad de la enfermedad de un ser querido, puedes confiar en que Dios está cerca, dispuesto a sanar y restaurar los corazones quebrantados. Él es el Salvador que acoge a aquellos que reconocen su necesidad y buscan refugio en Su amor.
En Juan 14:27, Jesús nos deja un legado invaluable: «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden». Aquí, Jesús nos ofrece una paz que trasciende las circunstancias del mundo. Esta paz es un regalo divino, un bálsamo para el alma, que nos permite enfrentar las dificultades con una confianza inquebrantable en el amor y la soberanía de Dios.
Yo sé que es difícil pasar por ésta situación, en mi experiencia yo viví esto durante 11 años, sufrí mucha ansiedad durante ésos años, mi cuerpo y personalidad lo afrontaron y lo demostraban de diferentes maneras, enfermedades respiratorias, aumento de peso, alergias, depresión, entre otras.
Pero al encontrar la Palabra de Dios, al sumergirme en la Fe, estar en oración y en constante búsqueda de Dios, pude encontrar descanso en Él, me sentí seguro, confiado, aliviado, feliz y gozoso! De que Dios me ama y cuida en todo momento, que toda mi ansiedad y preocupación la ponga en Él, porque Dios cuidará de nosotros, así mismo,
pude darme cuenta de que así como Dios nos ama, hay personas que nos aman y nos cuidan con todas sus fuerzas al igual que Dios! Porque ellos reflejan a Jesús en ellos y en sus vidas, eso es maravilloso, ya que nos sentimos más acompañados por nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y nos sentimos amados por Dios mediante ellos, así que nosotros también debemos de reflejar a Jesús en nuestras vidas para que los demás sientan el amor de Dios mediante nosotros sus hijos, así podremos ayudar a un hermano que pase por una situación difícil y de tormento, ¿No crees?.
En estos momentos difíciles, te animo a sumergirte en la presencia de Dios a través de la oración y la meditación en Su Palabra. Encuentra momentos de tranquilidad para compartir tus pensamientos, miedos y anhelos con Aquel que conoce cada detalle de tu ser. En la comunión con Dios, descubrirás una paz que va más allá de la comprensión humana, una paz que actúa como un refugio seguro en medio de la tormenta.
Permíteme también recordarte que no estás solo(a) en este viaje. La comunidad que te rodea, amigos y familiares, están aquí para ofrecerte apoyo y amor. No dudes en compartir tus cargas con aquellos en quienes confías. La unidad en tiempos difíciles puede ser un faro de esperanza y fortaleza.
En ésta carta mi intención es ofrecerte un recordatorio profundo de la fortaleza que puedes encontrar en tu fe y en las promesas de Dios. Que estas palabras sirvan como un bálsamo para tu alma, guiándote hacia la paz que solo Dios puede proporcionar. Estoy aquí para ti en oración, en amistad y en cualquier forma que necesites apoyo.
Quisiera ser un apoyo constante para ti durante este tiempo. Estoy aquí para conversar, orar o simplemente compartir contigo. Que la esperanza y la fortaleza que encontramos en la fe te sostengan en estos momentos difíciles.
Espero que ésta carta haya sido de bendición para ti y te haya ayudado en éste proceso duro que ha sido para ti, Dios no te dejará solo(a) nunca! Que tengas un lindo día.
Jair González.


Deja tu comentario