Los fuertes necesitan fortaleza
1 Juan 2:12-17
Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 14 Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. 15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
1 Juan 2.13-17
En esta primera epístola de Juan el apóstol inicia de manera incluyente para toda la iglesia, veamos como en el 1.18 nos llama a todos “hijitos”, también en los versos 3.18, 4.4 y 5.21. Cuando Juan se dirige a los niños, a los padres y a los jóvenes, no quiere decir que lo que dice a un grupo no sea cierto para el otro. Esto hace evidente que, al leer toda la carta, cada exhortación es para todos.
Dos conectores hay aquí en este pasaje: Uno es cuando dice en el 2:1: “Les escribo esto para que no pequen”. En otras palabras, como un padre Juan no quiere que se enfermen, quiere que se mantengan bien. Con buen alimento y ejercicio en la fe. Dos, el otro es como dice el 2.21 “Les escribo, no porque desconozcan la verdad, sino porque la conocen”. En otras palabras: “Creo que lo que saben hasta ahora, ahí es donde deben permanecer”. Volvamos a leer de 2.12 y 13: Padres, jóvenes, hijitos “fortalezcan su seguridad de que vivirán para siempre. Ningún pecado los podrá vencer.”
La promesa para meditar este día se encuentra en el verso 17 que dice “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Primero recordemos que Jesús nos ha prometido vida eterna junto a él y esto no está ni la encontramos en este mundo. Nadie entra en un barco sabiendo que se hundirá a mitad del viaje. Nadie mete su dinero al banco sabiendo que pronto entrará a la quiebra o nadie consulta con un médico sabiendo que sus otros pacientes no solo no sanan sino que se le ¡mueren!
¡El mundo pasa! Poner el corazón en el mundo y sus deseos, materiales y humanos nos traerá dolor y miseria al final. Pero eso no es todo: no sólo pasa el mundo, sino también sus pasiones. Si te enamoras de este mundo pronto se acabará, si participas de los deseos del mundo, pasarás y no sólo perderás tu tesoro, también perderás tu vida. Si haces del dinero tu propósito y compruebas la satisfacción que trae comprar y tener todo lo que quieres con el tiempo comprobarás que existen muchas más cosas que nunca podrás tener porque solo tienes dinero.
Recordemos que “El mundo pasa, y también sus pasiones”. Segundo, la otra parte del verso 17 Juan dice: “Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Lo opuesto de amar al mundo no es sólo amar al Padre como dice el verso 15, sino también hacer la voluntad del Padre, verso 17. Juan dijo en 1 Juan 5.3: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos”.
Así que amar al Padre en el versículo 15 y hacer la voluntad de Dios en el versículo 17 no son realmente cosas separadas. Si amas a Dios, amarás lo que Él quiere. Es una tontería decir que amo a Dios pero no amo lo que Dios ama. Por eso, Juan dice en el versículo 17: “Si amas al mundo, perecerás con el mundo; pero si no amáis al mundo, sino a Dios, harás su voluntad y vivirán con él para siempre”
¡Qué preciosa promesa nos recuerda el Evangelio el día de hoy! Y creo que a estas alturas que no hay promesas de Dios para nosotros que también nos demanden fe, obediencia y amor a Dios. Así que sigamos confiando en sus promesas y esforzándonos en obedecer su Palabra.
Rolando y Martha Guzmán


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