Más allá de lo que vemos

Jeremías 29:10-14

Una de las cosas más inciertas en las que nos involucramos muchas personas es manejar. Al subirnos al carro y ponerlo a andar lo único que tenemos seguro es el destino, pero todo en el camino es incierto. Aun cuando la tecnología ha avanzado la visibilidad de lo que viene en el camino es muy poca. Lo que yo veo se limita a lo que hay frente a mí, no puedo saber que hay delante del carro frente a mi hasta que sea yo quien esté en su lugar y tampoco puedo ver lo que hay del otro lado de una subida ni a la vuelta de una curva, pero aun así lo hacemos, subimos, damos vuelta, avanzamos.

Muchas veces la vida se siente así cómo manejar, incierta, no tenemos la seguridad de nada, vivimos al día en nuestras decisiones. En Jeremías 29:10-14 Dios habla por medio de Jeremías a un pueblo derrotado y vencido, llevado a circunstancias difíciles por sus propias decisiones; viviendo en cautividad y habiendo visto morir a muchas personas, entre ellos seguramente familia y amigos. Esto, aunque doloroso, no fue algo inadvertido, Dios constantemente les llamó al arrepentimiento y a la obediencia, siendo explícito sobre las consecuencias que habría si eso no sucedía.

El pueblo tomó su decisión. Aún en medio de la desobediencia, del pecado y rebeldía, Dios nuevamente habla al pueblo que ahora sufre las consecuencias de sus acciones. Dios habla para mostrarles misericordia y recordarles quién es Él. Dios promete que vendrán cosas buenas, un futuro y una esperanza, dejarían de ser cautivos y en el tiempo que faltara para que eso sucediera, Él estaría con ellos. Esa era su esperanza, ser libres y ser acompañados por Dios, el pueblo sólo debía permanecer fiel, alejarse de todo aquello que los había llevado hasta ahí.

La incertidumbre al manejar nos obliga a ser precavidos y a avanzar conscientes de que lo que pase será consecuencia de nuestro manejar. Vivamos con esa misma precaución, cedamos el control a quien nos llevará siempre a un futuro y una esperanza, a quien promete su compañía en medio de la dificultad, solo debemos ser fieles, alejarnos de aquello que nos ha llevado a vivir con incertidumbre, aquello que nos hace creer que no necesitamos de nadie, pongámosle nombre a lo que nos aleja de Dios y apartémonos de eso.

Porque su promesa es clara, una vida eterna a su lado, donde no habrá dolor ni muerte. Ese es nuestro futuro y nuestra esperanza y nuestro Dios es un Dios que cumple promesas.

Raquel Vázquez