Deuteronomio 4:29-31

Hay veces somos la oveja que tomó otro camino, creyendo que encontraría mejores pastos que los que ofrece nuestro buen pastor. Para cuando acordamos, nos encontramos en peligro, temerosos, hambrientos, sedientos, heridos, extraviados y a punto de perecer. Sintiéndote tan perdido que parece que no hay remedio, que Dios no puede escuchar, ni recibirte, ni aceptarte; sintiendo que fuiste más allá de toda posibilidad de perdón, limpieza y ayuda.

Es en ese momento, en medio de la angustia y el dolor, que por la gracia y la misericordia de Dios nos permite experimentar. Es cuando reaccionamos, nos duele profundamente y lamentamos haberle fallado. Genuinamente arrepentidos y apenados, recordamos el grande amor con el que hemos sido amados, aun sin merecerlo. Nos volvemos a Él buscándolo con todo el corazón y toda el alma, es decir, con entendimiento y con la determinación de obedecerle.

Podemos estar seguros, que sin importar que tan lejos hayamos ido, escucharemos la voz nuestro amoroso y compasivo padre.  Él se dejará encontrar y acudirá en nuestra ayuda. Él no quiere destruirnos, Él quiere que nos arrepintamos, Él nunca nos dejará y cumplirá el pacto que hizo en Jesucristo de perdonar el pecado y tener una relación cercana e ininterrumpida con su pueblo.

Alma Leticia Cantú de Cantú