¿Promesas aun en la persecución?

Mateo 10:16-25

En la historia del cristianismo hay relatos que cimbran nuestro espíritu; narraciones de los primeros cristianos en el circo romano, devorados por las fieras o prendidos como teas para que el emperador pasara. En la edad media, torturados de manera inenarrable. En la actualidad seguimos viendo la persecución en muchos lados del mundo. Y de manera casi obligada, alguna vez nos hemos preguntado ¿sería capaz de ver morir a un ser querido o ser torturado y no negar mi fe? ¿Moriría gozosa o cantando abrazada a mis hermanos, con una fe inquebrantable? La respuesta más humana y lógica es “No”. Como seres humanos es imposible de pensarlo, nuestra carne se niega ante esa realidad. ¿Entonces como hicieron nuestros hermanos para poder dejar ese legado a estas generaciones? En este pasaje, Jesús nos enseña sobre la persecución y sin duda, algunas de esas palabras, fueron las que abrazaron los cristianos a lo largo de la historia, porque son promesas hermosas que nos blindan con una fuerza que no es de nosotros, sino de la trinidad actuando en nosotros, la poderosa mano de Dios, la sabiduría y fuerza del Espíritu y la ayuda y ejemplo glorioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

En el V.16 Jesús nos advierte que somos como ovejas enviadas en medio de lobos ¿qué posibilidad tiene una oveja, de sobrevivir a un ataque de un lobo? Ninguna, la oveja es uno de los seres más indefensos en el reino animal. La única posibilidad de que esa oveja siga con vida es, obedeciendo y dejando que su buen pastor pelee por ella. V.17 Nos revela una profecía. Nos entregaran a los gobernantes y reyes por nuestra fe en Jesús, y nos da un por qué. En el V,18, Para darles testimonio de la verdad que creemos. Nos da una hermosa promesa en el V19 el Espíritu Santo hablara por nosotros, ¡Que bendición! De ahí va radicar nuestra fuerza, vamos a poder predicar en medio del dolor y la tristeza, tendremos la capacidad de compartir el evangelio a nuestros enemigos y perseguidores. Vs.21 y 22 Y entonces, cuando ya no tengamos nadie en que confiar, nos regala otra promesa gloriosa, al perseverar ¡seremos salvo! ¡Esa salvación incluye una eternidad de paz, salud, y alegría, una corona de vida, una eternidad con Dios y con nuestro Señor y Salvador! El pasaje termina de una manera magistral recordándonos v.25 que El también sufrió persecución, aun antes de nacer, no hubo un solo día de su ministerio que no sufriera agresiones, aun de su propia familia, su amigo lo entrego, y murió, luego de una tortura cruenta, y todo lo hizo por amor a usted y a mí. Amado hermano hay muchas promesas a las cuales aferrarnos, pero sin duda el pensar en nuestro máximo ejemplo Jesús, nos dará las fuerzas para soportar todo, por amor a aquel que murió y sufrió por nosotros. Si, cerraremos los ojos aquí y al abrirlos, ¡será glorioso!, y seguramente, diremos: ¡Valió la pena!, nunca estuve solo, aun en la persecución tu estuviste conmigo tal como lo prometiste, y hoy estoy aquí, para siempre contigo mi Señor y salvador Jesús… Dios les bendiga.

Esther Caballero Robledo