Saliendo de cada prueba Victoriosos

2 Crónicas 32: 1-23

Nuevos diagnósticos, nuevos dolores más intensos, nuevos gastos que no están previstos todo lo que llega a mi vida últimamente es algo nuevo y podría ser aterrador para cualquier persona; pero para mí es la respuesta de Dios diciéndome “aquí estoy yo hija, no te he dejado sola, saldrás nuevamente victoriosa de esta nueva prueba”. Mis amigas me preguntan: “¿cómo puedes seguir después de tanto mal que has pasado?” y siempre respondo: “porque confío en las promesas de Dios y sé que pase lo que pase Dios está a mi lado, el será mi fuerza para seguir luchando y un día todos cantaremos y bailaremos alabando a Dios por lo que ha hecho en mi vida.”

Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de los asirios, invadió a Judá y acampó contra las ciudades fortificadas con la intención de conquistarlas (2 Crónicas 32:1)

Fue como si el Señor hubiera permitido que Judá pasara de la luz del sol y de la bendición de Dios, a la oscuridad del desastre. El rey Senaquerib, de Asiria, llegó nuevamente y se dispuso a atacar a Jerusalén y comenzó por aterrorizar a sus habitantes.

Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías, rey de Judá. (2 Crónicas 7 y 8)

Ezequías adoptó medidas para reforzar la seguridad de la ciudad, fortificándola, pero su confianza estaba depositada en Dios. Ezequías animó a la gente a confiar en Dios.  Después de esto, Senaquerib envió representantes para intimidar al pueblo y quebrantar su moral y debilitar su confianza en Dios.

¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiera salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mis manos? Ahora, pues, no os engañe Ezequías ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que, si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mis manos? (2 Crónicas 14 u 15)

Además, Senaquerib envió también cartas para desmoralizarles.

Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra el Señor, el Dios de Israel, y hablaba contra él diciendo: Así como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. (2 Crónicas 17)

Ezequías dependió del Señor para recibir ayuda, y Dios liberó a la ciudad de una manera milagrosa.

«Y el Señor envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Por tanto, éste volvió a su tierra avergonzado; y al entrar en el templo de su dios, lo mataron a espada sus propios hijos. Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de las manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados» (2 Crónicas 21 y 22)

Ezequías hacia todo lo que a Jehová le agradaba, era muy fiel, pero a pesar de su fidelidad con Dios tuvo que pasar por un momento muy difícil, sus enemigos lo tenían rodeado con intención de conquistarlos.

Ezequías se encontraba en medio de ―las que yo puedo llamar pruebas― El tener que enfrentarse a pruebas, nada tiene que ver con la santidad de una persona. Ezequías era un hombre muy fiel, pero a pesar de su fidelidad le llegaron las dificultades. Mientras estemos en este mundo, los problemas, pruebas o dificultades pueden llegar; ser cristianos no nos libra pasar por pruebas, ya sea enfermedad, falta de dinero, la pérdida de un ser amado, falta de trabajo, entre otras.

El amor, la obediencia, y la fe que le tenemos a Dios nos garantiza que, si es su voluntad, Él nos ayudara a resolver los problemas que se nos vayan presentando; siempre en el tiempo de Él Señor, no en el de nosotros. Solo Dios nos da la paz y la tranquilidad que necesitamos en medio de las pruebas que se nos presentan.

Jesucristo no nos quita los problemas, pero si nos da la sabiduría para encontrar la solución. Cuando estés pasando por momentos de dificultad, no te desesperes, simplemente ora y adora a Dios; Él se encargará de nuestros enemigos como lo hizo con Ezequías

Ten la seguridad que Dios siempre avergüenza a nuestros enemigos.  La seguridad en Dios hace que podamos vivir con tranquilidad y libres de temor.  No escuchemos palabras necias de personas que no tienen a Dios en sus vidas; satanás sabe que nunca podrá derrotar a un hijo de Dios, es por esto, que su mejor estrategia es intimidar a través de palabras necias. Satanás quiere meternos pensamientos de perdedores que, si no estamos firmes en Cristo, podemos caer en sus trampas.

El mundo siempre va a querer hacernos dudar, y desconfiar de Dios. Satanás sabe que lo que mueve la mano poderosa de Dios es la fe verdadera de nosotros sus hijos.  Dios está con nosotros en cada momento el conoce nuestro corazón y nuestra fe debe de ser inquebrantable y confiar en sus promesas. Si tu estas seguro de la presencia de Dios en tu vida nadie podrá derrotarte.

No importa cuán grande sea la prueba que estés pasando, recuerda que Dios estará siempre a tu lado para ayudarte a salir victorioso. Nunca te desanimes, siempre confía y toma la decisión de seguir confiando en las promesas de Dios.

Oración

Señor ayúdanos a seguir confiando en tus promesas de que nos vas a sacar de cada prueba por más difícil que parezca, ayúdanos a seguir esforzándonos y ser valientes ante los ataques del enemigo, porque nuestra confianza está puesta en ti Señor y ayúdanos a seguir firmes en el evangelio y mostrando a otros el poder que solo tú tienes.

Karla Ivette Rivas Maldonado