Ser humilde, ¿En qué? ¿Cuándo? ¿Con quién? ¿Qué contestamos cuando alguien nos pregunta eres humilde? Es una pregunta que lleva truco, si contesto que “sí” entonces como que no estoy siendo muy humilde, pero si contesto que no soy señalado, al parecer la respuesta a esta pregunta va más dirigido a la acción, por ejemplo: ¿Cómo trato a mis compañeros de trabajo?

¿Cómo respondo a personas que me piden ayuda? ¿Cómo actúo en situaciones en las que sé la respuesta pero la otra persona no me escucha? ¿Cómo respondo o actúo en situaciones familiares con mi conyugue, hijos, hermanos, padres? ¿Realmente tengo que ser humilde con todos o solo con los que me caen bien o hacen caso y, además, solo cuando estoy alegre? Como por ahí dirían ‘yo también tengo derechos’.

Pero si esto fuera así, entonces qué diferencia existe con las personas que no han entregado su corazón a Cristo, Mateo 5:46-48. Si leemos el texto y lo queremos aplicar con nuestras fuerzas, está complicado. Pero debemos recordar que no es con nuestras fuerzas es por medio del Espíritu Santo obrando a través de nuestra vida, Gálatas 2:20. Igual podremos argumentar y decir que la situación en la que yo estoy es diferente a la de los demás porque tengo que imponer respeto, no me pueden ver débil, si aflojo un poco el carácter se aprovechan de la situación, etc…

Igual estoy de acuerdo que cada quien estamos en situaciones diferentes pero, recordemos, que Dios, a cada uno nos llamó a la responsabilidad, mayordomía o administración de acuerdo a su gracia que nos distingue entre unos y otros y nos dió capacidades, no nos dió algo más allá de lo que no podamos hacer. Por lo tanto a pesar de la situación en la que nos encontremos nos manda a que seamos humildes no importando en qué momento, en qué circunstancia o con quién.

¿Entonces cómo lo voy a ser o le voy hacer? Ir en oración ante Dios y reconocer que nosotros no podemos y que él sea que nos guie y ponga su sentir en nosotros, la forma / ejemplo que Jesús mostró en nuestra vida. “…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” Mateo 11:29.

Un buen comienzo es con la segunda parte del versículo del tema “considerando a los demás como mejores que ustedes.” A pesar de que Jesús lavó y secó los pies de los discípulos no dejó de ser su Maestro, lo hizo para darles el ejemplo. Podremos decir eso no aplica en mi situación, pero lo que podemos ver es que Jesús empleó pocas palabras y, un acto inesperado, para hacer hincapié en un maravilloso principio eterno.

La siguiente definición de una persona humilde “es quien reconoce su dependencia de algo más arriba de él y no busca el dominio sobre sus semejantes, sino que aprende a darles valor por encima de sí mismo” *, parafraseando la enseñanza a los filipenses “… Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.”

Roberto «Manolo» Soriano