La carta que el apóstol Pablo le escribió a la iglesia en Roma, en este capítulo está hablando de sujetarse y/o someterse a las autoridades, ya que han sido puestas por Dios.
También menciona que, si nosotros nos resistimos, es decir: que no les hacemos caso, que no nos importa lo que ellos digan o hagan, si nosotros hacemos eso le estamos haciendo lo mismo a Dios. También el texto nos indica que nosotros no tengamos deuda a nadie sino que paguemos deudas con quien tengamos la deuda. Ahora, en el versículo ocho curiosamente nos exhorta y nos dice Pablo “no tengan deuda con nadie, si no ámense unos a otros”, aquí pareciera que Pablo se contradice ya que antes nos dice que paguemos todas nuestras deudas y aquí nos dice que sigamos teniendo una deuda, pero no se refiere a una deuda material, sino a la deuda que cada uno tenemos con el prójimo, entonces ¿Cuál es esa deuda?
Se refiere al amor, al que nos debemos amarnos los unos a los otros. Es nuestro deber, estamos obligados y por consecuente tenemos esa deuda entre nosotros mismos de amarnos, también menciona, “el que ha amado a su prójimo ha cumplió la ley” y esto no se refiere precisamente a que aquel ame a su prójimo ya cumplió con toda la ley, esto no es así ya que ningún ser humano puede cumplir absolutamente toda la ley, esto simplemente se refiere a que si uno realmente ama a su prójimo como así mismo ha cumplido los mandamientos que nuestro Dios nos mandó, ya que si uno dice amar a su hermano como dicen los mandamientos “no robarás, no matarás, no cometerás adulterio” esto tiene un significado más profundo ya que no es simplemente el hecho de no hacerlo si no más bien ¿por qué no lo harías? Simple, es porque tú amas o más bien tenemos que amar al prójimo y obviamente si tú lo amas no vas a procurarle ningún daño.

Pablo intenta resumir esos mandamientos en la ley del amor de Cristo porque aquí no habla de nuestra deuda con Dios, sino nuestra deuda con el prójimo y el amor nos unifica, nos hace querer estar siempre unidos y nos llena de felicidad siempre vernos.
Esto es lo que Dios quiere para nosotros, quiere que estemos juntos, amándonos, procurando el bienestar del prójimo, siempre
pensando en el prójimo antes que uno mismo, de esto trata el amor de Dios. Ahora bien la pregunta del millón, ¿Cómo podemos nosotros expresar ese amor en el día a día? Tenemos que pensar en esto más profundamente. Yo haría pequeños cambios en mi vida cotidiana. Por ejemplo, en el trabajo, cuando uno va a realizar la chamba del día y nos toca un jefe que es muy difícil tratar con él, podemos nosotros en vez de reaccionar y contestarle de una forma en la que nosotros pensemos que “se lo merece”.
En vez de nosotros hacer eso, contestarle de una forma amable y calmada, para bajar el furor de esa persona. Por más que nosotros pensemos que ella o él tenga la culpa, nosotros debemos hacer eso por amor a él. También podemos poner a prueba lo siguiente: imagine que usted está manejando y se le atraviesa una persona bien bruscamente y por poco chocan; claramente fue culpa de esa persona, ¿Qué deberíamos hacer?
Debemos evitar reaccionar y ponerle las luces o decirle hasta lo que no, debemos actuar con calma y paciencia y cederle el paso y no enojarnos con esa persona que claramente tuvo la culpa pero no nos corresponde a nosotros reaccionar de una mala forma. Mas bien, es lo que Dios nos dice que no hagamos, es una orden directamente de El hacia nosotros.
Otra forma de poder expresar este amor al prójimo, todos sabemos que el ser humano con lo que más batalla es la soberbia, el ser altanero, creerse superior a los demás, entonces ¿esto que tiene que ver con este tema? Muy simple, si mi hermano tiene un carro un poco más viejito o en peor condición que el mío, por qué verlo de los hombros para abajo y decirle “¿Ya viste mi carro?” “Es mucho mejor que la ‘carcacha’ que tienes tú” e incluso jactarse de nosotros tener algún lujo y ver al de al lado que no lo tiene y criticarlo o nos reímos de su condición.
Esto mis hermanos está muy mal, es reprobado por Dios y a Él no le agrada, nosotros debemos ser humildes. Al nosotros ponernos en el mismo nivel no importa nuestras condiciones o pertenencias, estamos amando al prójimo, al nosotros no burlarnos y no sentirnos superiores sino al contrario, es decir que lo consideremos con respeto y a nuestro mismo nivel, esto es amar a los demás y así cumplimos la orden que el Señor nos ordenó que cumpliéramos.
David González Sepúlveda


Grados a Dios por su palabra que nos insta a mejorar en nuestro diario vivir obedeciéndole.
GLoria a Dios!