¡Uno para todos!… ¡Y todos para uno! Esta frase aparece en el conocido libro “Los Tres Mosqueteros” del autor Alexandre Dumas (24 de julio de 1802 – 5 de diciembre de 1870), y que simbolizaba el juramento de los mosqueteros; <<< la máxima élite de guerreros perfeccionados para proteger al Rey de Francia>>>, así como su grito de guerra.

Quien haya leído ésta obra majestuosa literaria de dicho dramaturgo por excelencia no los dejará mentir que la entrega de amor, de dichos soldados unos por otros es tan afable, tan inmaculada, que el derramamiento de sangre no se hacía esperar cuando se
trataba de proteger al Rey.

Asimismo en el pasaje de 1ª Tesalonicenses 5:11 el apóstol Pablo nos recuerda “Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen.” (Nueva Traducción Viviente). Estableciendo que el Amor que han estado practicando de sobrellevar las cargas entre ellos es lo que Jesucristo nos había concedido, como una de sus máximas demostraciones, de amor al prójimo y amor al bendito Padre de las luces.

Reflejando con acciones lo que profesamos de viva voz. Los mosqueteros conocían de éste sacrificio, pues lo llevaban a cabo en la rutina de sus vidas. Es decir, lo vivían cada momento codo a codo con su compañero de barraca. Con sus superiores y colegas de la armada en la cual servían.

Ellos sabían del compromiso que tenían con el máximo líder del Imperio. Por tanto se daban por completo hacia los más cercanos
durante toda su carrera militar en el día a día.

Yo me pregunto y te pregunto. Si eso se hacía por un rey mortal. ¿Qué mayor homenaje y responsabilidad tendremos para con nuestro Amo y Señor Jesús como parte de cuerpo? ¿Cuál es la entrega que está desarrollando la Iglesia en nuestros tiempos por su REY ETERNO?… JESUCRISTO se sacrificó en la cruz del calvario por la humanidad entera perdiendo su propia vida para que tú y yo, la ganásemos celestialmente.

|| El escritor que ora por ti ||

Oscar Jiménez