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La satisfacción de llevar las cargas de los otros

La carta a los Gálatas fue escrita por Pablo probablemente en el año 56. Es una carta donde podemos ver la preocupación de Pablo por los cristianos que se estaban desviando del evangelio. En el versículo base para esta reflexión de hoy, podemos ver un rasgo de la personalidad de Pablo, que nos recuerda la ley de Cristo “Amarás a Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma”, cosa que Pablo demostró que lo hacía en todo momento.

¿Es a mí?

¿Es a los hermanos de las iglesias de Galacia a quienes se les hace esta exhortación?, es a nosotros IBEC? y ¿Es a mí en lo personal? Las iglesias de Galacia recibieron muy bien el evangelio, pero que sucedió? Les pasó a ellos y a nosotros también.

¡No seamos tóxicos!

Me encuentro escribiendo estas líneas en el mes de septiembre, un mes donde los mexicanos celebramos el inicio de la independencia y la libertad que nuestros “héroes” nos dieron. Esto indudablemente como cristianos nos hace recordar la verdadera libertad que Dios nos dio a través del sacrificio de su único hijo en la cruz del calvario.

¿Quién nos une?

Esta fue la conclusión a la que llegó Pedro, cuando la iglesia estaba pasando por un tiempo difícil de persecución y Pedro los anima a no retroceder sino a tomar una actitud de defensa teniendo una misma mentalidad. El sabía que, como humanos, esto no sería fácil pero si se mantenían unidos a Cristo y como iglesia esto sería posible. El apóstol Pedro había visto en Cristo un ejemplo de unidad y en su carta menciona la importancia de esto a través de estos 3 aspectos: “misericordia, amor y humildad”.

Cuidémonos unos a otros

Dios nos ha dado dones y talentos y podemos desarrollar ministerios de servicio, los dones son regalos que Dios que nos entrega y espera que los pongamos a su servicio. Los ministerios que Dios nos permite desarrollar para servir en su obra deben ser de bendición a aquellos que son parte de nuestra iglesia, la iglesia que se compone de muchos miembros que formamos un solo cuerpo en Cristo, en donde cada uno, desempeña una función que tiene importancia y tiene un propósito de servir y adorar a nuestro Señor Jesucristo en unidad y amor para glorificar a Dios; impactando con nuestro testimonio a este mundo.

Pensó en los suyos y no en lo suyo

Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 1 Corintios 11.33 Primero mis dientes, y luego mis parientes… Primero yo, luego yo y al último yo… Estos dichos populares se refieren a la satisfacción propia sin pensar en las necesidades de los demás, aun si se trata de un familiar, un amigo o vecino o un hermano en Cristo, y sin importar qué tan urgente o necesaria es, primero soy yo…

Creciendo juntos

La Nueva Versión Internacional lo dice así: “Que el Señor los haga crecer para que se amen más y más unos a otros, y a todos, tal como nosotros los amamos a ustedes.” Estas palabras son la oración de Pablo por una Iglesia que estaba creciendo; y esto no significaba que los creyentes en la Iglesia de Tesalónica no se amaran, pues su testimonio en toda Macedonia (en la actualidad República de Macedonia del Norte) y otros lugares era conocido porque mostraba su fe, el trabajo motivado por su amor y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo.

Se trata de crecer juntos

Buscando la palabra “amonestar” según el diccionario significa “hacer presente algo para que se considere, procure o evite” y “advertir, prevenir, reprender”. Considerando estos significados, podemos reconocer no es muy grato o no lo vemos bien cuando alguien se nos acerca en tono de preocupación de que algo hay que corregir o evitar, lo tomamos como una intromisión o pensamos que no tiene alguien el derecho de opinar. Esto es así cuando no lo tomamos de una actitud madura, sin embargo cuando lo filtramos a través de la Palabra podemos entender que puede llegar a ser bendición en lugar de una molestia.

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