
Cristo en nosotros
Dios, en el llamado que nos hace en el primer versículo de este mismo capítulo, nos exhorta a tener un carácter de humildad y mansedumbre en su totalidad. Nótese que al versículo le antecede las palabras “con toda”, lo cual quiere decir que Él no espera de nosotros actos esporádicos y ocasionales, sino que sean de manera constante en nuestras vidas.
El beso faterno
Antes de avanzar podemos leer también 2ª de Corintios 13.12, 1ª de Tesalonicenses 5.26, 1ª Corintios 16.20, Romanos 16.16. Dios nos hizo seres sociales. Necesitamos de los demás para sobrevivir. Por esto, Dios decidió que desde pequeños estemos insertos en una familia y esta se relacione a su vez con otra y otra hasta conformar comunidades y sociedades más extensas. Este hecho podría ser suficiente para que entre nosotros se dé de forma natural las sanas convivencias, pero no siempre es así.
Hay gozo abundante en amar
Por qué Jesús hizo tanto hincapié en que nos amáramos y nos perdonáramos? Porque Dios mismo, nos conoce aún desde antes de la fundación del mundo. Efesios 1:4. En la versión de la Nueva Traducción Viviente dice: “Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo.”
Amor incondicional
El Amar existe en diferentes formas y manifestaciones, pero el amor que nos define la Palabra es algo que para el ser humano natural es imposible; en las escrituras claramente nos dicen que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y este amor que Dios nos manda no puede ser diferente a lo que la misma Palabra nos define; la escritura nos exhorta a que nuestro amor no sea solo de palabras, mostremos la verdad por medio de nuestras acciones, "como él nos ha amado."
Nacidos para amar
Pablo está dando un mensaje claro y simple de cómo debe ser nuestro trato con nuestros hermanos en Cristo. Es importante recordar y ser muy conscientes que cada uno de nosotros tenemos nuestras luchas, problemas, y dificultades; y ninguno de los problemas de los demás es el mismo que el de nosotros, por tanto, debemos ser bondadoso unos con otros y no caer en juicio hacia los demás, porque al final de cuentas el Hijo de Dios murió por cada uno de nosotros no importando cuales eran nuestras luchas, defectos, y debilidades; enseñando su amor hacia nosotros sobre todas las cosas.
Receptividad Sincera y con propósito
En lugar de dejar que asuntos sobre cosas que tienden a levantar disputas, nos dividan al cuerpo de Cristo, deberíamos de recibir los unos a los otros de la misma manera que Cristo nos recibió, en términos de pura gracia, a sabiendas de soportar nuestras faltas.






