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Somos un cuerpo en Cristo

Un hombre espiritual no se deleita en verse honrado así mismo, ¡sino en ver a su Señor exaltado!- A. W. Tozer. Cristo nos a librado de la muerte y del pecado, no para vivir complaciéndonos, sino para la gloria de Dios y para el bien del prójimo. El gran fin de todos nuestros actos debe ser que Dios sea alabado y nada fomenta mejor esto que el entregarnos unos a otros en servicio y en aceptarnos unos a otros, como Cristo nos aceptó.

Es fundamental

“Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios” (1 Juan 4:7), con este mensaje, Dios nos trasmite uno de los aspectos fundamentales que debemos de tener hacia los demás, porque si no cumplimos con esto ¿Cómo podremos llevar a cabo la gran comisión? Mateo 28:18-20. Aun cuando se menciona que no es un mandamiento nuevo 2 Juan 5, si debe convertirse en una necesidad, porque si queremos compartir sobre la Palabra de Dios con los que nos rodean, tendremos que reflejar este amor en nuestras vidas. “Porque si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a que ha visto, ¿cómo puede amar a Dios quien no ha visto?”

Nacidos para amar

Pablo está dando un mensaje claro y simple de cómo debe ser nuestro trato con nuestros hermanos en Cristo. Es importante recordar y ser muy conscientes que cada uno de nosotros tenemos nuestras luchas, problemas, y dificultades; y ninguno de los problemas de los demás es el mismo que el de nosotros, por tanto, debemos ser bondadoso unos con otros y no caer en juicio hacia los demás, porque al final de cuentas el Hijo de Dios murió por cada uno de nosotros no importando cuales eran nuestras luchas, defectos, y debilidades; enseñando su amor hacia nosotros sobre todas las cosas.

Amor incondicional

El Amar existe en diferentes formas y manifestaciones, pero el amor que nos define la Palabra es algo que para el ser humano natural es imposible; en las escrituras claramente nos dicen que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y este amor que Dios nos manda no puede ser diferente a lo que la misma Palabra nos define; la escritura nos exhorta a que nuestro amor no sea solo de palabras, mostremos la verdad por medio de nuestras acciones, "como él nos ha amado."

Hay gozo abundante en amar

Por qué Jesús hizo tanto hincapié en que nos amáramos y nos perdonáramos? Porque Dios mismo, nos conoce aún desde antes de la fundación del mundo. Efesios 1:4. En la versión de la Nueva Traducción Viviente dice: “Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo.”

El beso faterno

Antes de avanzar podemos leer también 2ª de Corintios 13.12, 1ª de Tesalonicenses 5.26, 1ª Corintios 16.20, Romanos 16.16. Dios nos hizo seres sociales. Necesitamos de los demás para sobrevivir. Por esto, Dios decidió que desde pequeños estemos insertos en una familia y esta se relacione a su vez con otra y otra hasta conformar comunidades y sociedades más extensas. Este hecho podría ser suficiente para que entre nosotros se dé de forma natural las sanas convivencias, pero no siempre es así.

Cristo en nosotros

Dios, en el llamado que nos hace en el primer versículo de este mismo capítulo, nos exhorta a tener un carácter de humildad y mansedumbre en su totalidad. Nótese que al versículo le antecede las palabras “con toda”, lo cual quiere decir que Él no espera de nosotros actos esporádicos y ocasionales, sino que sean de manera constante en nuestras vidas.

Necesitamos ser intencionales

Jesús estaba preparando a los discípulos para lo que se venía, el sacrificio último del cordero Hijo de Dios por el perdón de los pecados. Los discípulos seguían sin entender mucho de lo que Jesús les había estado compartiendo así que les muestra con un ejemplo tan simple, pero tan impactante en ese momento, sobre la humildad y el servicio al prójimo. No cualquiera lavaba los pies de otra persona, esto generalmente lo hacían los esclavos o las esposas de los señores de la casa.

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