
Te perdono
¿Alguna vez has sido tratado injustamente? o ¿Alguien te ha herido y guardas en tu corazón ese episodio doloroso? Me refiero a algo que realmente duele; esto ocurre, probablemente a todos, por lo menos una vez en nuestra vida nos hemos enfrentado con momentos así
Juntos alabando
Nosotros como pueblo de Dios, desde que aceptamos a nuestro Señor Jesucristo en nuestro corazón, hemos pasado de ser criaturas, a ser seres transformados, quienes tratamos en todo momento de agradar al Señor (hemos dejado atrás todo acto de inmoralidad, injusticia, avaricia, etc. Estas cosas ya no rigen mas nuestras vidas.)
Atendamos la orden de la manera correcta
En el tiempo que vivimos, las palabras sujetarse o someterse no son bien recibidas, por un lado vivimos en una época donde cada uno exige sus derechos, entiende que esos derechos le permiten actual como cada quien quiera dentro del marco establecido por la ley.
Ser Humilde. ¿Quéeeeee?
Ser humilde, ¿En qué? ¿Cuándo? ¿Con quién? ¿Qué contestamos cuando alguien nos pregunta eres humilde? Es una pregunta que lleva truco, si contesto que “sí” entonces como que no estoy siendo muy humilde, pero si contesto que no soy señalado, al parecer la respuesta a esta pregunta va más dirigido a la acción, por ejemplo: ¿Cómo trato a mis compañeros de trabajo?
Despojándonos de las mentiras
En una oportunidad Fabiana platicaba con sus amigas, una plática llevó a otra y de esa conversación salió una frase, la cual decía, “las mentiras pequeñas son blancas e inofensivas, solo las que son grandes dañan la vida de las personas, esos son las mentiras que a Dios no le agrada” Mi pregunta es ¿existen tamaños de mentiras? Proverbios 12:22 “Los labios mentirosos son abominación a Jehová; Pero los que hacen verdad son su contentamiento.”
Sopórtense
A todos nos gusta que nos comprendan y nos tengan consideración aunque nosotros mismos sepamos que somos de mecha corta, pero qué diferente es cuando a nosotros nos toca aguantar a otros, quisiéramos no tener que pasar por eso. Todos conocemos personas que ponen a prueba nuestra paciencia, que preferiríamos no tener que convivir con ellas porque piensan y actúan de una forma muy diferente a como lo haríamos nosotros y nos exas- pera, pero a veces son parte de nuestra propia familia o incluso hermanos en la fe que asistimos a la misma iglesia. Como dice el refrán, “lo que no puedes ver en tu casa lo has de tener”.







